Buenos Aires- (ANP) – Hasta ahora el presidente Javier Milei se ha comportado como el primer mandatario de los libertarios y fanáticos seguidores de sus diatribas contra los «kukas», los «zurdos» y los «wokes». Si quiere terminar bien su gestión debería pasar a comportarse como el presidente de todos los argentinos, algo que parece difícil. Su postura tan de extrema de derecha no es un simple recurso para captar votos. El tipo es así, No podría volverse un dirigente tolerante, inclusivo y abierto al diálogo.

Es por eso que la mayoría de las consultoras y sociedades de bolsa que hacen proyecciones tras la dura derrota electoral en la provincia de Buenos Aires del domingo 7 de septiembre, desconfían de la «mesa política» que terminó de anunciar Mileo integrada por los que perdieron las elecciones.

El gobernador de Salta, Gustavo Saenz describió con un ejemplo lo que cree la mayoría de la gente que rodea a Milei: «son como palomas de iglesia,,,cagan a los fieles».  Esa sensación de haber sido traicionados por el oficialismo, en aquellos que mostraron voluntad para apoyar , es un capital que no se recupera mas».

«La legitimidad se redujo porque, en los clasificados, LLA se vendía como ‘joya, nunca casta’, marca que en principio definió al espacio, pero que parece haber sido sólo una buena estrategia de marketingUna renovación del gabinete y cambios de nombres manchados podrían ayudar nuevamente a empatizar con la sociedad. La transformación debería ser profunda para lograr oxigenar, aunque no está claro que el gobierno esté dispuesto a hacerlo. Por lo pronto la ‘mesa política’ cuenta con las figuras principales del mismo gabinete de gobierno que perdió la legitimidad y las elecciones. Nada nuevo», señalan desde LCG.

La consultora señala además que «de estar dispuesto al diálogo constructivo, el gobierno tendrá que elegir con quién: El llamado a una mesa de gobernadores resulta auspicioso, aunque desafiante. Con miras a 2027, parece claro que habrá un frente de gobernadores interesados en encausar la situación, algunos de ellos pudiendo ser presidenciables y a los que les interesaría avanzar con reformas estructurales. Todavía más difícil parece congeniar esa agenda con el nuevo referente del kirchnerismo, Kicillof, emergido como flamante conductor de ese espacio. De cualquier manera, el poder ejecutivo nacional es quien tiene la batuta, y en él están las principales responsabilidades de ejercer un liderazgo que nos saque del estancamiento».