BUENOS AIRES (ANP).- La votación de mañana en la que se elegirán diputados y senadores en todo el país es una buena oportunidad para recordar aquella elección presidencial que tuvo un peso simbólico abrumador, cuando la referente populista Cristina Fernández de Kirchner cedía la antorcha tras dos mandatos a Daniel Scioli para que compitiera con un insólito candidato, un hombre de negocios detestado por las clases trabajadoras y por muchos boquenses: el millonario Mauricio Macri, quien solo parecía potable para el reducido mundo de Capital Federal.

Pero se sabe que la vida da sorpresas y esta fue una de las mayores que no deparó la historia de la política argentina. El consentido hijo de quien entonces era el empresario más poderoso del país, Franco Macri, renuente a los negocios de papá y devenido en presidente de Boca Juniors, en legislador de CABA y luego en jefe del Gobierno porteño, había entrado a un balotaje con menos de dos puntos por debajo del candidato peronista/kirchnerista, en la histórica elección presidencial del 25 de octubre de 2015.

Una campaña peronista

Más allá de los partidismos, no se puede negar que la salida de Cristina Kirchner de la presidencia tras ocho años (más cuatro de su esposo, Néstor), marcaba indefectiblemente el fin de una era que no volvería, para desdicha de unos y para alegría de otros. Sin embargo, un peronista nunca puede con su genio y los oficialistas fanáticos, lejos de respaldar a Scioli, se ocuparon de ningunearlo y solo lo apoyaron por considerar que «peor era nada» y que era «lo que había», como decía la verborrágica Hebe de Bonafini, que en paz descanse.

Tampoco Cristina ayudó en nada a abogar por Scioli. Como en la fábula de la rana y el escorpión —y perdón Cristina, pero le toca el segundo papel— la mandataria saliente no pudo sobreponerse al encono que sentía por su propio delfín y, a pesar de que no convenía a su partido, no abrió la boca para brindarle apoyo. Ningún referente K lo hizo asi que el resultado de la votación fue más mérito peronista y kirchnerista que macrista.

El resultado —36,35% para Scioli y 34,78% para Macri— no solo se burló de todas los pronósticos y encuestas posibles sino hasta del sentido común. ¿Cuándo Argentina había votado a un candidato abiertamente pro mercado? Nunca, esa era la respuesta, pero contra toda lógica, pasó.

Ese solo dato de la pequeña diferencia entre ambos fue suficiente para que se esfumaran todas las esperanzas de los corazones cristinistas, al igual que las sonrisas de sus caras. Ese domingo las banderas y pancartas se guardaron, los cánticos cesaron y la muchedumbre que se había reunido en el Obelisco y a la salida del bunker K para festejar empezó a soltar lágrimas de angustia.

Claro que la vida es bien mala asi que ahí no acabaron las amarguras para las filas K ya que otro estrepitoso fracaso se confirmaba, sin balotaje posible: la ignota María Eugenia Vidal, a quien muchos apodaban «Heidi», ganó como gobernadora de Buenos Aires, superando al pendenciero Aníbal Fernández por casi cinco puntos en una mini paliza electoral, teniendo en cuenta la supremacía peronista en territorio bonaerense hasta el momento.

El momento más blooper

El gran blooper de la noche fue, sin dudas, el optimista y prematuro anuncio de C5N que dio como ganador a Daniel Scioli con los datos de boca de urna. El graph del canal que rezaba: «Ganó Scioli por amplia diferencia» fue el blanco de bromas y memes durante semanas, asi como el periodista que dio la noticia con entusiasmo inocultable, el militante K Roberto Navarro.

Tras el anuncio y la euforia inicial del staff de C5N, los semblantes se fueron ensombreciendo a medida que los números se volvían contundentes, hasta dejar en claro que Scioli tenía escasas chances de ganar en una segunda vuelta. Macri, por más que resultaba antipático para la gran mayoría de los argentinos, representaba la posibilidad de un cambio, y contra esa esperanza ya nada se podía hacer.

Un fallido anuncio que no se olvida

El golpe para el oficialismo fue atroz. El lunes siguiente las dependencias públicas amanecieron cual panteones en los que solo resonaban los pasos quedos de algunos deudos. Los ánimos apaleados se veían en las caras mientras en las noticias algunos famosos ya anunciaban su huída del país si en el balotaje se confirmaba a Macri como presidente. Hasta donde se sabe, ninguno cumplió la promesa de exiliarse.

Una campaña… mileísta?

Después del primer sacudón, los K comenzaron a caminar las calles para tratar de revertir lo que parecía irreversible y no encontraron otra manera —es que, en rigor de verdad, no había otra— que apelar al miedo. Al pánico de que el país cayera en manos de un empresario al estilo Mr. Burns de «Los Simpsons», capaz de quitar los juguetes a los niños y negar los remedios más básicos a los jubilados.

Fue así que en las semanas que faltaban para el balotaje se vieron todo tipo de publicidades y anuncios aterradores anticipando las maldades que cometería «el señor rico sin corazón», asi como también chistes irónicos en contrapartida, como aquel que aseguraba que bajo el mandato de Macri los caramelos Media Hora iban a bajar a quince minutos y las galletitas Sonrisas se convertirían en caritas tristes.

En suma, ocurrió algo similar a lo que hemos presenciado en las últimas semanas, con la alianza kirchnerista arengando sobre la profundización de la motosierra de Milei, y con los libertarios amenazando con la vuelta de los piquetes, los ñoquis estatales, los negociados, el aumento de los crímenes (que, por cierto, nunca bajaron), la inflación (que sí bajó, pero llevándose puesto al consumo) y el déficit fiscal (que hay que admitir que los K llevaron a límites insostenibles). Es decir, una guerra entre el muerto y el degollado.

La segunda vuelta de aquella elección de hace diez años finalmente se fijó para el 22 de noviembre de 2015, en un domingo negro que quedó marcado a fuego en los anales del peronismo, cuando se confirmó que Mauricio Macri sería el nuevo presidente de los argentinos con la fórmula de Cambiemos que integraba con la vice Gabriela Michetti.

Por NP