BUENOS AIRES (ANP).- Como un recuerdo simbólico de los fracasados Acuerdos de Oslo de 1993, los nombres del asesinado primer ministro israelí, Isaac Rabin, y del líder palestino Yasser Arafat volvieron a oírse esta semana en la Asamblea General de la ONU.

¿El pasado puede repetirse en Medio Oriente? A su manera, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva evocó aquella histórica oportunidad diplomática de fines del siglo pasado, en la que se sentaron algunas bases para discutir la posibilidad de crear un Estado palestino.

“Arafat y Rabin fueron estadistas para imaginar un futuro de paz, y el odio acabó derrotándolos”, dijo Lula en un vibrante discurso.

El 22 de septiembre, luego de que hablara el mandatario sudamericano, su colega francés Emmanuel Macron pidió respeto por los derechos del pueblo palestino y dijo que sentía “vergüenza” por la situación actual de Gaza, donde a causa los bombardeos israelíes murieron más de 73.800 personas, según el ministerio de Salud del enclave.

La matanza desató de inmediato una respuesta que algunos califican de desmesurada por parte del gobierno del primer ministro, Benjamin Netanyahu. Por cierto, Lula también condenó los actos “terroristas” del grupo islámico palestino.

A fines de junio, una comisión de investigación de la ONU dijo que Israel atacó deliberadamente a niños palestinos, lo que provocó un genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra en la Franja de Gaza, del mismo modo que crímenes de guerra en la Cisjordania ocupada.

Más tarde, cuando le tocó hablar en la ONU, Netanyahu defendió los ataques militares de su país contra Irán y rechazó las acusaciones de genocidio. Dijo que las Fuerzas de Defensa israelí enfrentan siete frentes de combate: Hamas, Hezbollah, los Hutíes de Yemén, Irán, las milicias de Irak y de Siria y “los terroristas” palestinos en Cisjordania.

Siria, por otra parte, exigió el retiro de los Altos del Golán, capturados por los israelíes durante la Guerra de los Seis Días en 1967.

En cuanto a América Latina, Argentina cuestionó el papel desempeñado por la ONU en el conflicto de las islas Malvinas con el Reino Unido, y Brasil señaló que “no cabe en el patio trasero de nadie”, refiriéndose a la Doctrina colonialista Monroe, impulsada por Estados Unidos.

Sobre el embargo económico y energético que pesa sobre Cuba desde 1962, por parte de Washington, Lula dijo que diez millones de personas sufren “un castigo colectivo”.

Tampoco el mandatario se olvidó de Venezuela, donde fuerzas estadounidenses capturaron el 3 de enero al presidente Nicolás Maduro y a su esposa para juzgarlos en Nueva York por cargos de tráfico drogas, y señaló que el pueblo venezolano “merece elegir su destino”.

El presidente argentino Javier Milei no fue el único que criticó a la ONU, ya que su colega chileno José Antonio Kast advirtió que el organismo multinacional no está a la altura de los desafíos de estos tiempos.

“La cumbre siempre deja una sensación agridulce. Sin embargo, cuando se pasa de la foto a la acción concreta (sobre todo en temas pesados como el cambio climático, la financiación del desarrollo o los conflictos actuales), la maquinaria multilateral se siente pesadísima y frustrante”, dijo el analista internacional Gustavo Alejandro Cardozo.

En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, el académico del Centro de Investigaciones de Estudios brasileños BRaS opinó que “la ONU hoy en día refleja una gobernanza global muy fracturada, con vetos y polarización que congelan los avances de fondo”.

“Al final, nos quedamos con discursos potentes y buenas intenciones en el podio, pero con la sensación de que las decisiones reales se toman a otra velocidad y en otros foros”, afirmó el investigador.

Para Cardozo, la ONU “sirve para marcar la agenda e integrar agendas globales, pero yo no esperaría milagros de un día para otro”.

Como sucede en los últimos años, el presidente estadounidense Donald Trump fue una de las figuras que más acapararon la atención en la cumbre mundial, realizada desde el 22 hasta el 28 de septiembre en Nueva York.

Fiel a su estilo prepotente, ya que amenazó a los groenlandeses con una respuesta militar, Trump firmó durante la Asamblea de la ONU un acuerdo con Dinamarca para instalar una base militar en Groenlandia.

Su objetivo es frenar la presencia de Rusia y de China en la isla más grande del mundo. El pacto otorga a la Casa Blanca el control permanente sobre la seguridad de ese territorio. Sin embargo, Groenlandia sigue perteneciendo al reino de Dinamarca y mantiene su autonomía con parlamento propio.

Por NP