BUENOS AIRES (ANP).- Brigitte Bardot, una de las últimas sex symbol que deslumbró en la pantalla grande y un ícono del cine francés, falleció hoy a los 91 años dejando atrás una vida de éxito, romances apasionados, intentos de suicidio y un viaje sin retorno al ostracismo, todo siguiendo el mismo hilo conductor: la libertad de ser y hacer lo que pensaba y quería.

Brigitte Anne-Marie Bardot nació en París en 1934 en el seno de una familia estricta. La Brigitte niña soñaba con ser bailarina pero le faltaba algo de disciplina para destacarse, y su encuentro con su primer amor —que se convertiría en el primero de sus cuatro esposos— la alejó de la danza para acercarla a la magia del cine.

Con el director de cine Roger Vadim se casó a los 18 años y con él llegó al estrellato. Su papel en Y Dios creó la mujer (1956) instaló su rostro angelical y a la vez provocativo en el público que nunca más dejó de elegirla y la hizo popular en todo el mundo. Su escena bailando descalza sobre una mesa es una de las imágenes más icónicas del erotismo en el cine y, como era de esperar, Hollywood la recibió con los brazos abiertos, donde filmó con Kirk Douglas, Sean Connery y Stanley Baker, entre otros.

Un baile sensual que la convirtió en un símbolo

En el mientras tanto, su vida era un sube y baja. En 1957 se divorció de Vadim después de cinco años juntos y varias infidelidades de la actriz. Convivió algún tiempo con su partenaire en Y Dios creó la mujer, Jean-Louis Trintignant pero él viajaba mucho y otra vez Brigitte se buscó un amante que le prestara atención.

Allí vino su segundo intento de suicidio —el primero había sido de jovencita, cuando sus padres le prohibieron ver a Vadim— el cual pronto superó. Su encuentro con el bello y talentoso actor Jacques Charrier la hicieron sentirse plena y renovada otra vez y con él se caso. Eran la pareja perfecta, la más admirada, y juntos tuvieron un hijo llamado Nicolas-Jacques, que fue cuando todo empezó a desmoronarse.

Es que Brigitte era, antes que nada, un espíritu libre y muy pronto entendió que la maternidad, en su caso, era solo para una foto que alimentara el mito de su vida perfecta frente a la prensa y el público. La verdad es que no era buena madre, no servía para eso, no le nacía, y no se obligó a ser lo que no era. La relación con el niño se hizo insoportablemente distante y no tardó en perder a su marido. Una vez divorciados aceptó que el niño fuera criado por la familia de Jacques Charrier.

Con el tiempo llegó su tercer matrimonio, esta vez con el empresario y playboy alemán Gunter Sachs, después de un flechazo arrollador y un tórrido romance que los convirtió en una de las parejas preferidas por los fotógrafos. El amor culminó a los tres años, el mismo tiempo que había estado casada con el padre de su hijo. Tres años era el tiempo que la diva parecía poder soportar sin volver a ser quien era.

Luego vinieron otros amores, entre ellos el actor Patrick Gilles, y empresarios y músicos que se iban cruzando en su camino. A los 40 años, cuando vio que el espejo ya no le devolvía la imagen que la había llevado al estrellato decidió rebelarse y fue portada de la revista Playboy. Entonces llegó su tercer intento de suicidio ingiriendo pastillas. Por suerte fracasó y una vez recuperada decidió aceptar la derrota del tiempo y anunció su retiro del cine. Dejó unas 50 películas, muchas de ellas consideradas clásicos, y algunos discos. Nunca aceptó someterse a cirugías pláticas para intentar revertir lo irreversible.

Con su segundo esposo y su único hijo

Pronto comenzó con su lucha por los derechos de los animales y ahí empezó su período de paz. Ella, que no había podido dar amor a su propio hijo, encontró en los seres más indefensos la forma de expresar lo que antes no pudo probablemente porque no era su momento, porque no estaba preparada para criar a un hijo. En medio de esa tranquilidad, conoció a su cuarto y último esposo, el asesor político Bernard d’Ormale, quien por estas horas enfrenta el sepelio de Brigitte.

También estuvo envuelta en escándalos por declaraciones contra la islamización en Francia y fue condenada a pagar varias multas por incitar al odio racial, las cuales pagó sin protestar ni arrepentirse. Lentamente, la Brigitte luminosa se fue radicalizando. En enero de 2013 amenazó con pedir la nacionalidad rusa si las autoridades de su país sacrificaban a dos elefantes enfermos. Fue también una ferviente activista antivacunas durante la pandemia de Covid-19.

Poco se supo de ella en sus últimos años ya que los problemas de salud iban en aumento y el deterioro físico le dificultaba mostrarse en público. Además de los premios que cosechó como actriz, recibió una larga lista de honores por las causas humanitarias, por la paz, y por la defensa de los animales en peligro y la ecología que impulsó. Finalmente, hoy su cuerpo cansado se apagó en el último acto de liberación de una de las grandes figuras del cine mundial.

 

Por NP