BUENOS AIRES (ANP).- Tras 25 años de investigaciones, duelos y dudas conspiranoicas, la fotos más icónicas del ataque al Trade World Center de Nueva York, que por entonces albergaba las bellas Torres Gemelas, siguen presentes en la memoria del mundo como si el tiempo no hubiera pasado aunque los enemigos hayan mudado.

Aunque hoy estén enfrascado en una guerra en espiral ascendente, Estados Unidos e Irán compartían buenas relaciones en el año 2001, e incluso el gobierno iraní se sumó al concierto mundial que, atónito, salió a expresar su solidaridad con el pueblo estadounidense tras el sangriento atentado perpetrado por el grupo yihadista al-Qaeda, que dejó poco más de 2.970 muertos.

El 11 de septiembre de ese año —mañana se recuerda otro aniversario— un grupo de atacantes suicidas secuestró cuatro aviones comerciales de American Airlines y United Airlines y los estrelló contra las imponentes Torres Gemelas y la sede del Pentágono, mientras que la restante aeronave cayó en un campo en Pensilvania.

Las investigaciones se extendieron indefinidamente, lo cual no es de sorprender teniendo en cuenta que los principales acusados se refugiaron en Medio Oriente y contaron, supuestamente, con el apoyo de los gobiernos de Afganistán y Arabia Saudita. Ninguno de los dos países han admitido hasta el momento participación alguna.

En lo que hace a personas, quien encarnaba al Mal en esta historia, el temido Osama bin Laden, líder de Al Qaeda, fue abatido durante un operativo comando de EE.UU. en Pakistán diez años después del ataque sin que pisara una cárcel estadounidense. También hubo sospechosos que fueron a parar a la siniestra prisión de Guantánamo tras pruebas dudosas e interrogatorios que, se presumen, brutales. Solo un hombre fue condenado por un tribunal civil por participar en la conspiración del 11-S. 

En cuanto al juicio, todo está pendiente y recién hay fecha para mediados de 2028, cuando la Justicia estadounidense comenzará a debatir las pruebas para definir las condenas en el más espectacular, sangriento y aparatoso ataque terrorista de la historia reciente. Uno de los principales acusados, Jalid Sheij Mohamed, espera a conocer su suerte tras la increíble demora.

Las otras teorías

Poco tiempo después del ataque a las Torres Gemelas, surgió la teoría del autoatentado según la cual la cúpula de inteligencia estadounidense ideó un plan macabro para golpear al país en el mismo corazón con el objetivo de volcar a la opinión pública a favor de avanzar en la guerra contra Irak y Afganistán.

Según las versiones, el calor extremo y el derrumbe de los edificios fueron el resultado de explosivos ya colocados en el interior y no debido al choque de los aviones, aunque el peritaje insiste en que el voraz incendio debilitó las estructuras, haciéndolas colapsar. En cuanto al Pentágono, los desconfiados sostienen que fue alcanzado por un misil militar.

También se dijo que el gobierno de EE.UU. había recibido alertas meses antes de que todo ocurriera y que, movido por intereses militares, optó por dejar que los terroristas avanzaran con sus planes. Algunos de los que defienden la teoría de la conspiración interna señalan múltiples indicios, entre ellos que el ala oeste del Pentágono se encontraba en reformas y, por lo tanto, prácticamente vacía de personal, lo que indicaría que esa parte fue elegida para minimizar los daños de un ataque del que ya se tenía conocimiento.

Entre los libros publicados sobre las teorías de una conspiración interna se cuenta uno muy famoso, La gran impostura: Ningún avión se estrelló en el Pentágono, del periodista Thierry Meyssan, que desató una gran controversia en el año 2002, cuando la herida aún estaba abierta. Diez años más tarde, se sumaría el libro del periodista alemán Mathias Bröckers, y al cumplirse 20 años llegaría el trabajo de David Gardner.

El 11-S dejó infinidad de historias de muerte y supervivencia, de varias teorías y toneladas de pruebas que la Justicia sigue analizando un cuarto de siglo más tarde. El mundo, que desde entonces aprendió que los aeropuertos son un lugar de cautela y controles máximos, todavía espera un veredicto que arroje luz sobre el móvil del ataque.

 

Por NP