BUENOS AIRES (ANP).- Este domingo, Argentina recibirá a un papa después de 39 años. León XIV aterrizará mañana en el aeropuerto de Ezeiza para concretar una visita largamente esperada, que promete movilizar a miles de creyentes en Capital Federal, en la provincia de Buenos Aires y en Córdoba.
Muchos de ellos todavía recuerdan las dos únicas oportunidades en que un papa pisó nuestro suelo, en particular la primera, cuando el país estaba inmerso en la Guerra de Malvinas.
En la fría mañana del 11 de junio de 1982, Juan Pablo II, entonces de 62 años, descendió de un vuelo de Alitalia para luego arrodillarse y besar la tierra. Lo esperaban las autoridades de la Junta Militar y una multitud se apiñaba en las terrazas del aeropuerto para verlo.

Desde Ezeiza, el papa se trepó a un improvisado papamóvil —una camioneta Ford F-350 de 1981 reformada por el Automóvil Club Argentino con cabina vidriada antibalas— y enfiló por la autopista Ricchieri hacia el corazón de Buenos Aires. La ciudad entera se volcó a las calles. El itinerario incluyó un alto en la Catedral Metropolitana y un recorrido histórico que desafió el clima gélido y la angustia colectiva.
Sin duda el momento más convocantes y el que quedó en la memoria fue cuando se presentó en la Basílica de Nuestra Señora de Luján para rezar por los heridos, los caídos y las familias de ambos bandos. Pero el verdadero motivo de la breve visita —Juan Pablo II se marcharía al día siguiente— era mediar en el conflicto bélico con Inglaterra en el que jóvenes argentinos sin entrenamiento ni recursos se enfrentaban a soldados expertos y bien equipados.
Juan Pablo II mantuvo reuniones privadas —entre ellas, un tenso y hermético encuentro de veinte minutos con el entonces presidente, Leopoldo Galtieri— donde repitió el pedido de frenar las armas y buscar una salida diplomática.
La dictadura intentó mostrar la llegada del pontífice como un espaldarazo a su gestión, pero el mensaje papal desarmó esa especulación: el papa venía a interpelar a los poderosos en nombre de una «paz justa, honrosa y duradera».
Nunca trascendió el contenido de las conversaciones que se desarrollaron durante aquellas 33 horas vertiginosas, pero lo cierto es que la rendición de Argentina llegó apenas 48 horas después de la partida del papa, el 14 de junio de 1982. Por fin, la locura de llevar a una muerte inútil a cientos de chicos había terminado.
Afortunadamente, no sería la última vez que Juan Pablo II visitara nuestro país. En circunstancias mejores, ya restablecida la democracia, el sumo pontífice volvió el 6 de abril de 1987 para participar de la II Jornada Mundial de la Juventud en la Avenida 9 de Julio.
En aquella oportunidad, visitó Capital Federal y diez provincias, reuniéndose con el presidente Raúl Alfonsín y pronunciando 26 discursos. Más de 4 millones de fieles se movilizaron a lo largo de su recorrido por las distintas ciudades para verlo y escuchar su mensaje.

Juan Pablo II no regresaría a Argentina. Su papado continuó, convirtiéndose en uno de los más extensos, hasta su fallecimiento en 2005 a los 84 años. Sin embargo, su paso por estas tierras dejó una marca imborrable gracias al papel clave que jugó para poner fin a una guerra absurda, propiciada por un gobierno militar en decadencia.
