BUENOS AIRES (ANP) El cepo cambiario, en especial el aplicado a las importaciones, creció en los últimos meses con el propósito de atenuar el continuo drenaje de las reservas del Banco Central y seguirá in crescendo al menos hasta las elecciones del 22 de octubre, de acuerdo con el análisis de la consultora Invecq.

La entidad presidida por Esteban Domecq señaló que la autoridad monetaria «acumula diez jornadas consecutivas de compras netas», por un total de US$ 885 millones, pero que esa performance «no es suficiente», ya que no evita la caída permanente de las reservas brutas y, además, «es a costa de un endurecimiento del cepo cambiario, principalmente a los importadores».

«En este punto no hay ninguna novedad, ya que es la estrategia que viene utilizándose desde junio del año pasado, pero que se profundizó en los últimos meses (en particular en las últimas semanas, con importaciones prácticamente paralizadas), e irá in crescendo hasta las elecciones», explicó Invecq.

Al respecto, detalló que eso queda de manifiesto al observar que «la diferencia entre las importaciones devengadas y pagadas sigue aumentando y ya superó los US$ 6.500  millones en el primer semestre; y, si se analizan solo las pagadas, se evidencia una caída de 12% interanual, con muy pocos sectores creciendo en términos anuales», explicándose el salto del sector agropecuario por la sequía.

La estrategia oficial no será inocua, ya que «el ‘torniquete’ importador afectará a la inflación y a la actividad», alertó, ya que si continúan las restricciones «más serán los bienes y servicios cuyo valor se moverá al compás de la cotización de los dólares alternativos, en lugar de seguir al oficial», mientras que «las restricciones a insumos y bienes intermedios golpearán a la producción local, en un momento en el que la actividad ya acumula cuatro meses consecutivos de caída en términos mensuales, operando 2% por debajo del nivel de 2022 durante el primer semestre de 2023».

En ese contexto, las posibilidades de alcanzar la meta de un déficit primario del 1,9% del PBI «luce muy difícil», si se tiene en cuenta que en los primeros siete meses ya acumula un 1,3%, equivalente al 70% del total y que, por razones estacionales, el grueso del desbalance fiscal suele darse en el segundo semestre.

Invecq señaló en ese sentido que entre 2016 y 2022, salvo el caso excepcional marcado por la pandemia en 2020, «el 74% del déficit primario anual se dio en agosto-diciembre en promedio».

Pero a eso hay que agregarle que «en el segundo semestre del año pasado el Gobierno ya había comenzado a ajustar el gasto; por lo que, a diferencia de la primera mitad de 2023, la base de comparación es más baja», algo que quedó en evidencia en la comparación interanual de las cuentas de julio.

A todo eso habrá que sumarle que «si bien no hay margen para un ‘Plan Platita’, el oficialismo podría caer en la tentación de realizar políticas fiscales expansivas», tal como se pudo ver en julio, en el que «los gastos primarios crecieron 2,6% en términos reales -venían de caer 6% en el primer semestre-, con un fuerte aumento de ‘Transferencias corrientes a provincias’ (+21,5% vs. -22,5% en 1°S) y ‘Gastos de funcionamiento y otros’ (+8,9% vs. +0,4% en 1°S)».

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Por NP