BUENOS AIRES (ANP).- Ayer concluyó una vida de grandes altibajos, con más fama, éxito y abundancia de lo conveniente, que alternaron con las adicciones al alcohol y el traspié de la cárcel hasta llegar a un cómodo punto intermedio. En ese remanso que encontró cuando lo creía imposible supo afianzarse durante años y hasta su fin el actor estadounidense David Soul, inmortalizado por su papel del rubio detective Kenneth «Hutch» Hutchinson de la popular serie de los ’70 Starsky & Hutch.

Nacido en Chicago en 1943, el apuesto David había comenzado su carrera artística apostando al canto y, de hecho, solía presentarse ocultando su bello rostro con un pasamontañas en el afán de que el público solo lo conociera por el sonido de su música.

Pero la notoriedad no llegaría de la forma que había querido sino en la pantalla chica, donde participó en varias series con pequeños papeles hasta que consiguió el coprotagónico en aquella exitosísima serie policíaca en la que conoció a Paul Michael Glaser, quien se convertiría en un amigo para el resto de su vida.

Sin duda, el intrépido «Hutch» fue determinante para que David despegara como cantante, algo que consiguió con bastante éxito cuando se hizo famoso en televisión, en particular con los temas Don’t give up on us y Silver Lady, que se ubicaron en los primeros puestos en los ránkings de Estados Unidos y Reino Unido.

En cambio, no logró trascender en el cine pese a su gran talento, donde tuvo un lugar junto a Clint Eastwood en el film de 1973 Magnum Force. Para TV, protagonizó la miniserie de culto Salem’s Lot, donde se lució como el atormentado Ben Mears en una de las historias más terroríficas que se hayan visto, con escenas de miedo de antología.

Sin embargo, la moneda tiene dos caras y la carrera de David Soul pronto entró en una zona gris que, dicen, lo llevó a la bebida y de ahí sin escalas a la cárcel. Fue detenido y encarcelado por golpear a su tercera esposa que estaba embarazada, y estuvo en una celda hasta que obtuvo la libertad condicional. David aceptó ingresar a terapia contra el alcoholismo y para calmar su caracter violento, pero no pudo salvar su matrimonio, que se disolvió en 1986.

Para entonces, ya quedaba poco de su fortuna y muchas deudas debido al alcohol y a proyectos que no funcionaron. Para solventar su vida disipada había vendido su porcentaje de los derechos de la serie y le había sido rematada su mansión en Los Ángeles, asi que no tuvo más opción que buscar nuevos rumbos.

Por fin, encontró un camino. A mediados de los ’90 se estableció en Londres donde conoció a su quinta y última esposa, Helen Snell, con quien encontró la paz después de cuatro matrimonios fallidos que le dejaron cinco niños y una niña. La vida siguió un curso tranquilo y David pudo desarrollar una aceptable carrera musical mientras seguía actuando. Para destacar, su participación en una de las versiones de Muerte en el Nilo.

Helen, la salvadora, fue la encargada de comunicar ayer el fallecimiento a sus 80 años del rubio actor que derretía corazones femeninos y que se ganó un lugar en el panteón de los mitos televisivos, inmortalizado en la icónica foto junto a su compañero de serie, Glaser, y al auto aquel con el que soñaban los niños de los ’70, como alguna vez dijo Hutch a Starsky, «ese tomate que tiene una raya».

 

 

Por NP