Buenos Aires (ANP) -. La defensa que hizo Donald Trump del príncipe Mohamed Bin Salman, acusado por la CIA de ordenar el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018, daña la imagen internacional del presidente estadounidense.
El magnate, de 79 años, no solo protegió al heredero al trono de Arabia Saudita, sino que lo recibió el martes con toda clase de honores en la Casa Blanca, causando polémica y desconcierto mundial.
A mediados de noviembre de 2018, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) sostenía que Bin Salman ordenó el asesinato de Khashoggi, quien era colaborador del diario The Washington Post.
Según el gobierno turco, el columnista fue “estrangulado inmediatamente luego de ingresar al consulado” saudita en Estambul, el 2 de octubre de 2018, y a continuación su cuerpo fue descuartizado.
En aquellos días, Riad calificó de falsa la acusación de la CIA y señaló que el príncipe heredero no sabía nada de los planes para llevar a cabo dicho asesinato. También afirmó que Khashoggi fue muerto como resultado de un operativo clandestino no autorizado.
Khassoghi, de 59 años, residía en Estados Unidos y era un ferviente crítico del gobierno saudita.
Entre otros hechos importantes, el periodista cubrió la invasión soviética de Afganistán a fines de diciembre de 1979, así como el ascenso del líder de Al Qaeda y cerebro de los atentados del 11 de septiembre 2001 en Estados Unidos, Osama ben Laden.
Se desempeñó, además, como asesor de la familia real saudita. Pero después cayó en desgracia y debió exiliarse en 2017 a Estados Unidos.
Aunque durante el gobierno de Joe Biden (2021-2025) Estados Unidos mantuvo una relación fría con la potencia petrolera, el ex mandatario demócrata chocó los “puños” en julio de 2022 con quien consideraba un “paria” durante su campaña electoral para llegar a la presidencia.
En aquella oportunidad, el ahora ex presidente viajó por primera vez a Riad y se reunió con Bin Salman en el palacio real de Jeddah. Un mes después, Biden aprobó la venta de misiles Patrior por unos U$S 3.000 millones para la monarquía saudita. Donald Trump no podía ser la excepción. Ahora Bin Salman volvió a Estados Unidos después de siete años.
“A mucha gente no le caía bien ese señor del que hablas (Khashoggi). Te guste o no, cosas que pasan. Pero él (por Bin Salman) no sabía nada al respecto. No tienes por qué avergonzar a nuestro invitado”, le respondió Trump a una periodista que le hizo una pregunta al príncipe.
El líder republicano dijo que el heredero al trono saudita hizo un gran trabajo sobre los derechos humanos. Pero la organización Human Right Watchs deploró que Washington le haya dado un trato preferencial a un líder “responsable de la tortura y el asesinato” del periodista Khashoggi.
Bin Salman prometió una inversión en EEUU de casi un billón de dólares, aunque no brindó más detalles al hablar con la prensa.
“El presidente Trump ha profundizado su comportamiento que rompe con los moldes tradicionales de los mandatarios estadounidenses”, opinó el politólogo Patricio Navia.
En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, Navia añadió: “La presión a la que está siendo sometido por la revuelta de legisladores republicanos que quieren que se liberen los archivos del caso (del financista y delincuente sexual Jeffrey) Epstein lo ha puesto en una posición difícil”.
El 20 de noviembre, el presidente norteamericano promulgó la ley que ordena la apertura de los archivos de Epstein, quien se ahorcó en prisión en 2019.
Según la opinión de Trump, formulada en su red Truth Social, cerca de 50.000 páginas de los registros (de un total de 100.000) comprometen fundamentalmente al opositor Partido Demócrata, informó France24.
Pero otros informes de prensa vinculan al magnate republicano y a otras figuras prominentes como el ex presidente Bill Clinton al círculo íntimo de Epstein, según informes de la cadena británica BBC.
Esta semana, el presidente estadounidense insultó a la periodista Catherine Lucey, del servicio de noticias Bloomberg, que le preguntó por los archivos de Epstein: “Silencio, cerdita…”, fue su respuesta.
Navia opinó que “Trump siempre ha sido poco cuidadoso con las palabras. La gente sabe que cuando habla dice cosas que generan polémica y hacen noticia”
“Eso no es nuevo. Pero la presión desde sus propias bases evidentemente incómoda al presidente”, señaló el analista, que es profesor de estudios liberales en la Universidad de Nueva York.
El líder republicano suele pasar de la euforia como cuando se logró el cese el fuego entre israelíes y palestinos, el pasado 13 de octubre, mediante un acuerdo de su autoría, a situaciones grotescas y absurdas con los periodistas, en las que pareciera que pierde el control de sí mismo.
El magnate, considerado un hombre arrogante y racista, según algunos analistas, aunque para otros es un político genial (que a veces se queda dormido en el Salón Oval de la Casa Blanca), suele acaparar la atención permanente de los medios de todo el mundo.
