BUENOS AIRES (ANP).- La captura del presidente Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, para ser juzgados en Nueva York por narcotráfico, ha dañado la relación de Estados Unidos con varios países de América Latina y parte de la comunidad internacional.
Los “pitiyanquis”, como los llamaba despectivamente el líder bolivariano, Hugo Chávez, han vuelto a invadir otro país latinoamericano como en la época de las peores dictaduras militares del siglo pasado, bajo el argumento de la Doctrina Monroe (América para los americanos).
No obstante, más allá de que el mandatario venezolano es investigado por crímenes de lesa humanidad, la acción desplegada por el gobierno del presidente Donald Trump socava las reglas del derecho internacional y deja un peligroso antecedente.
A esto se suma también su anunciado propósito de controlar el petróleo de Venezuela, la principal riqueza del país sudamericano y la mayor reserva de crudo mundial, con argumentos discutibles como que Estados Unidos inició la actividad petrolera en el lago Maracaibo en la década de 1920.
Secuestros, desapariciones, ejecuciones extrajudiciales, brigadas asesinas de estudiantes, elecciones consideradas fraudulentas por la oposición, entre otras acusaciones, lesionan la credibilidad de Maduro, calificado por Washington y otros países como un dictador que empobreció a Venezuela.
Aun así, desde el lado de la izquierda, muchos se niegan a aceptar estos crímenes. Se olvidan, quizás, que las causas humanitarias forman parte del interés de todo el planeta; por lo tanto, nadie puede ser indiferente cuando se violan los derechos humanos.
Chile, Brasil, México, Cuba, Colombia y Uruguay repudiaron la acción emprendida por Washington.
“La ilegalidad del ataque” en Venezuela no debe impedir que Maduro responda por las graves violaciones de Derechos Humanos y los crímenes de lesa humanidad atribuidos a su gobierno, señaló en un comunicado una misión de la ONU, creada en 2019 por el Consejo de Derechos Humanos de esa organización multinacional
De acuerdo al diario estadounidense The New York Times, que cita a un funcionario venezolano en forma anónima, hubo al menos 40 muertos en la operación militar, entre ellos un grupo de cubanos que custodiaban al presidente venezolano.
Lo cierto es que después de varios meses de asedio naval estadounidense, el líder bolivariano fue capturado por el gobierno de Trump, sin una gran resistencia por parte de los militares chavistas. Parecía una escena previamente acordada. ¿Lo traicionaron a Maduro?.
Otro dato curioso es que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, maneje la relación del chavismo con Estados Unidos.
En 2024, la ex ministra de Relaciones Exteriores mantuvo un fuerte cruce con Luis Lacalle Pou, luego de que el ex presidente uruguayo calificara a Venezuela como una dictadura, recordó el diario El País, de Montevideo.
Esta vez, la incursión militar norteamericana no resultó fallida como la invasión de Playa Girón, una pequeña playa de Bahía de Cochinos en Cuba, donde el líder revolucionario Fidel Castro resistió exitosamente una invasión de exiliados cubanos patrocinada por la Casa Blanca en 1961.
No hubo tampoco manifestaciones gigantescas en Caracas de apoyo a Maduro, sino tibias protestas de respaldo a un hombre que es temido por sus reacciones violentas.
Ahora, por encima de las dudas que deja la intervención militar estadounidense, nadie le quita la alegría a los casi ocho millones de venezolanos que marcharon al exilio tras un cuarto de siglo de un proceso que en sus inicios tuvo enormes muestras de apoyo internacional, para combatir la pobreza y la desigualdad social.
Entusiasmado por la captura de Maduro, el magnate neoyorquino dijo que Estados Unidos controlará Venezuela hasta que haya una transición segura, concepto que deja enormes dudas sobre las verdaderas intenciones de Trump.
Tal vez la principal lección que aporta el socialismo bolivariano es que no hay dictadura buena, ya sea de derecha o de izquierda, porque los procesos fundamentalistas terminan siempre en dictaduras.
Por eso, la transición hacia un verdadero Estado de derecho, deben hacerla los propios venezolanos.
Otra pregunta que se hacen los analistas es hasta dónde llegará Trump con su pretensión de controlar el mundo. ¿Atacará también Cuba y Nicaragua, incluso Colombia?¿Extorsionará a países díscolos como Brasil?
Por cierto, después de violar el derecho internacional en Venezuela, si China arremete mañana contra Taiwán, que desde hace décadas busca independizarse de Beijing, o si Rusia termina por invadir definitivamente a Ucrania, la Casa Blanca no tendrá muchos argumentos para luchar contra dos de sus principales adversarios mundiales.
