BUENOS AIRES (ANP).- La liberación de presos políticos en Venezuela es una buena noticia para el país sudamericano, donde la transición a la democracia está lejos de iniciarse tras la captura del presidente Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.

Probablemente, son los últimos días de otra revolución fallida en América Latina. Aun así, en las calles de Caracas algunas personas caminan cabizbajas y silenciosas, por miedo a sufrir represalias de los esbirros de la dictadura chavista, según admitió un exiliado en Buenos Aires.

El presidente estadounidense Donald Trump saludó la decisión de liberar a los presos políticos por parte de la presidenta interino de Delcy Rodríguez, ex vicepresidenta de Maduro, y canceló una segunda ola de ataques que preparaba contra el país caribeño.

Maduro (foto),  acusado de narcoterrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de ametralladoras y sistemas destructivos, se declaró no culpable el lunes ante un tribunal en Nueva York.

El mandatario venezolano junto a su esposa, Cilia Flores, fue capturado en la madrugada del 3 de enero en Caracas por fuerzas especiales estadounidenses, en una operación que según la Organización de Naciones Unidas (ONU) violó las reglas del derecho internacional.

El jueves, el gobierno interino Rodríguez anunció las primeras excarcelaciones de presos políticos, entre ellos cinco ciudadanos españoles.

Según un boletín del Foro Penal, difundido por la agencia española EFE, existen 863 personas clasificadas como presas políticas, de las cuales 757 son hombres y 106 mujeres.

Para el analista Gustavo A. Cardozo, “la captura de Maduro no implica por sí misma que el país haya iniciado una transición democrática”.

“Si bien la operación militar generó expectativas, hay una realidad que es mucho más compleja, porque la transición democrática requiere de instituciones, con legitimidad, procesos electorales libres y separación de poderes, y hoy en Venezuela eso no está garantizado”, dijo el analista.

En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, Cardozo dijo que existen dos factores que dificultan la transición: “primero, la estructura misma del chavismo, esa puja de poderes entre (el ministro del Interior y Justicia) Diosdado Cabello y las diferentes facciones”.

“Por otro lado, la fuerte injerencia que ya ha empezado a ejercer Estados Unidos que ha mencionado que la reconstrucción de Venezuela va a estar ligada pura y exclusivamente a acuerdos con empresas norteamericanas, inclusive la producción, comercialización y explotación del petróleo”, añadió.

“Esta intención declarada de administrar el país está definiendo un futuro político que realmente genera más incertidumbre que certeza”, dijo Cardozo, académico del Centro de Estudios e Investigaciones Brasileños, especializado en la política doméstica de China.

Cuando se le preguntó si podría haber avances en Venezuela, respondió: “Sí, seguro. Pero todo va a depender del contexto social y básicamente de si esos actores políticos, que Estados Unidos quiera instalar, pueden sostener las estructuras internas de las fuerzas armadas que responden más al chavismo”.

En cuanto al rol de China y de Rusia, señaló: “Yo creo que Beijing va a buscar la protección de sus activos, el mantenimiento del soporte desde la comercialización de petróleo que Trump ya dijo que Beijing va seguir teniendo, pero a cargo de empresas norteamericanas”.

“La situación del gigante asiático es mucho más clara que con respecto a Rusia, porque Moscú pierde un punto estratégico muy importante, dado que desde Venezuela utilizaba toda esa logística de inteligencia para operar en América Latina”, aseguró.

El analista recordó que Estados Unidos está negociando la finalización de la guerra en Ucrania. “Yo creo que esa es la carta que Trump utiliza contra (el presidente ruso, Vladimir) Putin, para quitarle peso a Caracas en las relaciones bilaterales con Moscú”, opinó.

La presidenta interina Rodríguez dijo que el narcotráfico y los derechos humanos eran la excusa elegida por Trump para derrocar a Maduro; pero advirtió que “el motivo real era el petróleo”.

Trump pretende que Caracas, la mayor provisión de crudo del planeta, transfiera entre 30 y 50 millones de petróleo ya almacenados a Estados Unidos, para venderlo en el mercado. Según el presidente estadounidense, las ganancias se repartirían entre la Casa Blanca y el pueblo venezolano.

Si Estados Unidos se reserva siempre el derecho de intervenir contra un país que actúa en contra sus intereses, según el legado de la Doctrina Monroe, transformada por una enmienda del presidente Theodore Roosevelt en 1904, el peligro de que ocurra un incidente militar está siempre a la orden del día.

Orgulloso e irónico, el magnate amenaza ahora con apoderarse por la fuerza de Groenlandia, un territorio autónomo controlado por el reino de Dinamarca. Por supuesto, este deseo del mandatario ha causado preocupación entre los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Por NP