Buenos Aires- (ANP)  – El viceministro de Economía, Gabriel Rubisntein, llega a Washington con la misión de lograr que el Fondo Monetario Internacional (FMI) apruebe los números del tercer trimestre del año y así le desembolse unos u$s5.800 millones.

Esto, en el marco de una economía que muestra muchas fragilidades a pesar de que formalmente va logrando los objetivos planteados en marzo.  Actualmente, por caso, le faltan sumar u$s2.000 millones para lograr la cantidad de reservas internacionales acordadas para diciembre.

Desde el punto de vista fiscal, el gobierno va a cumplir con el 2,5% del Producto Bruto Interno (PBI). En los primeros 10 meses del año, el rojo primario llegó al 1,5% del PBI por lo que le queda un 1% para el último bimestre.  Entre enero y octubre el rojo del Sector Público Nacional llegó a $1,2 billones.

Desde el punto de vista financiero, con las retenciones que genere el dólar soja, más el fondeo neto que el gobierno viene acumulando a lo largo del año, es probable que las cuentas cierren levemente por debajo, estiman consultores privados.

Del mismo modo, la meta de 0,9% de asistencia del Banco Central al Tesoro con emisión también se va a cumplir. El equipo económico decidió apenas asumió en el Palacio de Hacienda encuadrar ese aspecto del acuerdo y dejó de tomar dinero de la entidad que conduce Miguel Pesce. De hecho, ha estado cancelando vencimientos.

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En tanto, desde el punto de vista las reservas, el dólar soja II llegó para darle un puente al gobierno hasta el 2023.

«Quedando poco más de un mes para el cierre de 2022 el stock está U$S 2.000 millones abajo. Si bien se podría
apelar a un waiver parcial aduciendo el retraso de fondos de multilaterales y los efectos de la guerra, mucho mejor es sumar efectivamente los dólares a las reservas», señala la consultora Sarandí.

El reporte privado dice que para los productores «la decisión sobre conveniencia de liquidar lo acopiado implica especular con la posibilidad de llegar hasta el cambio de Gobierno, cuando posiblemente se convalide una devaluación significativa del tipo de cambio».

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El problema que tiene Rubinstein para resolver ante el FMI es cómo presentar un escenario muy negativo en materia de financiamiento para el Estado. El mercado doméstico, que es la única fuente de crédito del déficit, se está cerrando nuevamente.

En la última licitación de deuda, el Tesoro salió a buscar $261.000 millones y apenas pudo cosechar $219.000 millones. El vencimiento estaba casi en su totalidad en mano de privados, lo que marca que existe una saturación de títulos.

El «recorte» de gastos que está llevando a cabo Sergio Massa no alcanza para convencer a los inversores. Porque en realidad no se trata de un ajuste, sino una licuación de pasivos vía inflación, básicamente, sobre las jubilaciones, los salarios y los planes sociales.

Las versiones que circulan entre los operadores es que el FMI quiere negociar con Argentina alguno de estos puntos para aprobar el próximo desembolso. Claro está que la política del organismo no va a ser tirar por la borda a la Argentina como ocurrió con el gobierno de Fernando De la Rúa, pero quieren hacer notar que Massa tiene que encarar algo mas claro que solo tratar de llegar a las elecciones.