BUENOS AIRES (ANP).- Un análisis del Instituto Argentina Grande atribuyó el sorprendente triunfo de Luiz Inácio «Lula» da Silva en Brasil a su apuesta al consumo popular, en contraposición con la incomprensible estrategia libertaria de negar que la mayoría de los argentinos no llega a fin de mes.

La principal reflexión del estudio es que Lula ganó mejorando el ingreso de las familias, mientras que su par argentino, Javier Milei, se ríe de ello. De hecho, su polémico argumento de que si fuera verdad que las familias se quedan sin dinero el día 20, habría muchos muertos porque dejarían de comprar alimentos.

De acuerdo a análisis, el triunfo de Lula —que revirtió el resultado de la primera vuelta en el balotaje, algo inédito— se cimentó sobre políticas orientadas a las mayorías: desde enero, 10 millones de trabajadores con ingresos de hasta 5.000 reales mensuales quedaron exentos del impuesto a las ganancias, el desempleo descendió al 5,3% (el menor nivel trimestral desde 2012) y el empleo formal alcanzó registros récord.
Todo eso, sumado a las promesas de incrementar un 15% el programa Bolsa Familia y ajustar el salario mínimo por encima de la inflación permitió que el bolsillo de los ciudadanos ganaran la pulseada al mercado.
Del lado argentino, la realidad económica corre en un sentido diametralmente opuesto y expone un severo deterioro de los indicadores sociales y laborales, según destacó el Instituto. Desde noviembre de 2023, el salario mínimo experimentó una pérdida del 40,8% en su poder adquisitivo, retrocediendo a los niveles más bajos vistos desde junio de 2003.
En paralelo, el mercado laboral formal privado acusó el impacto de la recesión con la pérdida de 266.000 puestos de trabajo en el mismo lapso, impulsando la tasa de desempleo global hasta el 7,9%. Como reflejo de esta situación, la confianza de la ciudadanía en la administración de Javier Milei retrocedió a 1,95 sobre un máximo de 5 puntos, lo que representa un desplome del 20,7% en comparación con el cierre de 2025. El resultado es que la Argentina convive con un salario mínimo equivalente al de hace más de dos décadas y con la tasa de desocupación que Brasil ya había logrado superar en 2023.
El ámbito financiero internacional y local acusó rápidamente el impacto político del vecindario, trazando lecturas de mediano plazo que ya apuntan a las elecciones presidenciales de 2027. Tras conocerse el resultado en Brasil, el mercado bursátil paulista castigó con dureza los activos locales: la Bolsa de San Pablo sufrió un desplome del 13,9% el lunes posterior, el real se depreció un 8,4% y el seguro contra default (CDS) saltó de 120 a 152 puntos básicos ante las crecientes dudas sobre la continuidad del ajuste fiscal bajo un Congreso dominado por la oposición.
Sin embargo, la reacción de los inversores ante los activos argentinos fue todavía más severa, demostrando que ni las encuestas políticas actuales ni el nivel de actividad garantizan una continuidad del modelo libertario, señaló el Instituto Patria Grande. Así, los bonos soberanos de Argentina sufrieron caídas superiores a los de su vecino y el riesgo país escaló con fuerza hasta tocar los 765 puntos básicos, anotando su valor máximo desde los comicios de 2025.
Este adverso panorama global se completa con una fuerte volatilidad en los frentes externo y de commodities, que condiciona el margen de maniobra local. A nivel global, la Reserva Federal de Estados Unidos optó por mantener congelada su tasa de interés de referencia en el rango de 3,75%-4%, aunque el registro de dos votos internos a favor de un endurecimiento y una inflación consolidada en el 3,7% hacen que el mercado de futuros de Wall Street descuente casi por completo una suba de tasas para el próximo mes de diciembre.
En tanto, en el plano energético, el petróleo crudo Brent cerró el jueves en un elevado valor de US$114,9 por barril, presionado por los focos de tensión geopolítica que incluyen la siembra de minas en el estratégico estrecho de Ormuz, a pesar de los contactos de último momento entre Washington e Irán. 
Frente a la fuerte devaluación del real brasileño y con el peso argentino alcanzando su valor real más elevado desde mayo de 2025, el Banco Central de la República Argentina y el Palacio de Hacienda debieron activar un agresivo mecanismo de intervención cambiaria para neutralizar el «efecto Brasil» y defender la paridad cambiaria. La autoridad monetaria interrumpió de forma drástica su racha de compras de divisas durante tres jornadas consecutivas, al tiempo que el Tesoro Nacional se vio forzado a volcar US$ 100 millones al mercado cambiario formal el pasado lunes.
La utilización de los escasos recursos de la caja fiscal expone la extrema fragilidad de las reservas disponibles frente a los pesados compromisos externos de corto plazo. Los dólares en poder del sector público escasean sensiblemente: el Tesoro contaba con apenas US$ 830 millones depositados en las cuentas del Banco Central, una cifra que resulta insuficiente para cubrir el pago inminente de casi US$ 900 millones en concepto de intereses adeudados al FMI, teniendo en cuenta que el desembolso correspondiente a la aprobación de la revisión técnica recién impactará en las arcas públicas en el mes de diciembre.
En el frente doméstico y en materia de financiamiento en moneda local, si bien el Gobierno logró renovar el 107% de los vencimientos de deuda soberana de la semana, debió convalidar condiciones sumamente exigentes para captar liquidez: colocó $3,5 billones a través de un bono con vencimiento en 2028 que se comprometió a pagar una sobretasa de 9,5 puntos porcentuales por encima de la tasa mayorista.
En definitiva, el Tesoro terminó defendiendo la cotización del dólar echando mano a los escasos fondos que necesita con urgencia para saldar sus deudas con el FMI, señaló el último análisis publicado por el Instituto.

Por NP