BUENOS AIRES (ANP).- A pesar de que los suecos frenaron por un puñado de votos a la ultraderecha, es improbable que la socialdemócrata Magdalena Andersson vuelva a aplicar una política de puertas abiertas para los inmigrantes en el país nórdico.
La ganadora de los comicios del 13 de septiembre tendrá ahora la difícil tarea de formar un nuevo gobierno en las próximas semanas o meses, mediante alianzas con todo el arco político, sobre todo con el Partido de Centro (miembro de su propia coalición) que rechaza que la izquierda controle algún ministerio.
Durante la campaña electoral esta economista, de 59 años, había reconocido en su página web que la inmigración ha superado “la capacidad de integración”.
No es casual esta afirmación si se tiene en cuenta que Suecia -un país que en el pasado era conocido por su relativa calma social-, se ha convertido en las últimas décadas en un territorio que alberga a muchas de las mafias más peligrosas de Occidente, según informes del diario español ABC.
Andersson es comparada a menudo con la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen. Esta política socialdemócrata identifica a la inmigración y a la seguridad como focos de malestar social, por eso plantea medidas más limitadas y de control.
No obstante, la diferencia de los comicios fue mínima, pues la alianza opositora obtuvo 176 bancas en el parlamento (Riksdag), contra 173 de la derecha del gobierno del renunciante primer ministro, Ulf Kristersson.
La ex primera ministra entre 2021 a 2022 prometió un mayor gasto en bienestar social y un sistema tributario más justo. Pero, en cuanto a la migración, busca una línea más restrictiva que muchos de sus socios políticos. Propone, también, un impuesto para los multimillonarios y la construcción de nuevos reactores nucleares.
Con la alianza de centroizquierda, los socialdemócratas obtuvieron 99 bancas; el Partido de Izquierda, 30; el de Centro 25, y los Verdes 22 escaños. La diferencia entre estos cuatro partidos y la derecha gobernante fue de 50.359 votos.
La ganadora de las elecciones parlamentarias suecas se destaca por su perseverancia para navegar en un fragmentado sistema político. No es inflexible en sus concepciones políticas, pues a veces rompe con los esquemas de la izquierda tradicional, señalan algunos de sus críticos. Fue ministra de Finanzas entre 2014 y 2021.
“Esta es una oportunidad que los partidos progresistas no deben desaprovechar”, dijo en una editorial el diario británico The Guardian, recordando el reciente triunfo en un estado alemán de la ultraderechista Alternativa para Alemania, a la que se suma la posibilidad de que Marie Le Pen se convierta en la presidenta de Francia en 2027
Para vencer a la derecha, la alianza de centro izquierda necesitó del voto no europeo de los inmigrantes nacionalizados, compuesto en su mayoría por musulmanes.
Los analistas coinciden que el sufragio inmigrante, calculado en un millón de personas (13 % del padrón electoral), ha sido decisivo para frenar las propuestas de los ultras, liderados por los Demócratas de Suecia (SD), un partido con raíces nazis fundado en 1988.
Esta agrupación perdió 11 diputados. Su líder Jimmie Akesson tiene una banca en el Parlamento. En 2023 pidió al gobierno detener la construcción de nuevas mezquitas, pero la iniciativa fue rechazada por el ahora ex primer ministro Kristersson.
Sin embargo, dentro de la alianza de centro izquierdista, podrían surgir algunas diferencias sobre algunos temas espinosos como los impuestos que pagan los suecos, según informes de la cadena pública británica BBC.
El Partido de los Socialistas Europeos (PES) resaltó en la red social X que la victoria de Andersson es “una respuesta concreta frente al costo de vida y la calidad de los servicios públicos y la seguridad, para lograr buenos trabajos y una transición a lo ecológico”.
No obstante, la Suecia actual está lejos del Estado de Bienestar que impulsaba el primer ministro socialdemócrata Olof Palme, asesinado en una calle de Estocolmo el 28 de febrero de 1986. Su crimen nunca fue resuelto por la justicia sueca.
Por el contrario, el ex premier Kristersson adoptó una política más dura contra la residencia y la ciudadanía. También incrementó la expulsión de personas sin derecho a permanecer en el país. Estocolmo tuvo en 2025 el nivel más bajo de registro de solicitudes de asilo desde 1985, según informes de la agencia británica Reuters.
Si logra formar gobierno, Andersson deberá lidiar también con la pertenencia del país a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), lo cual requiere el compromiso de que Suecia incremente sus gastos en defensa en el contexto de la guerra que mantienen Rusia y Ucrania.
Esta circunstancia, que vive también el resto de Europa, probablemente limitará sus opciones para expandir el gasto social.
