BUENOS AIRES (ANP).- A cinco meses de las elecciones de octubre, Brasil se encuentra partido en dos ante el posible agotamiento del modelo “lulista” y el avance de la ultraderecha que busca volver al poder como en 2019.

Pese a ello, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, de 80 años, busca su cuarto mandato frente a un gobernante Partido de los Trabajadores (PT) que no ofrece mayores cambios a un desilusionado electorado brasileño que se mira en los espejos neoliberales de la región.

En las elecciones generales del 4 de octubre, Lula enfrentará al senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, hijo del ex presidente Javier Bolsonaro (2019-2023), entre otros postulante a la presidencia.

El jueves, el mandatario fue recibido en la Casa Blanca por el presidente estadounidense, Donald Trump, quien en junio cumplirá 80 años, desde donde relanzó una relación con Washington que estaba dañada por las guerras de Gaza y de Irán.
En 2025, Trump impuso un arancel del 50% para los productos brasileños, los más altos que cualquier importación de Estados Unidos, en represalia por la decisión de la justicia brasileña de acusar a Jair Bolsonario, aliado político del magnate republicano, de promover un intento de golpe de Estado contra Lula en 2022.

Hoy, sin embargo, Bolsonaro cumple prisión domiciliaria, tras ser condenado a 27 años de cárcel por el Supremo Tribunal Federal (STF).

Dos semanas atrás, el oficialismo fue derrotado en el Congreso, dominado por la centroderecha y la oposición, donde fue rechazada la nominación de Jorge Messias a la Corte Suprema.

La derrota por 42 votos contra 34 alimentó las posibilidades presidenciales del senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), por lo que se anticipa una campaña electoral muy poralizada.

Sin embargo Lula, un ex obrero metalúrgico que redujo la pobreza en el primero de sus tres gobiernos (2003-2006), según informes del Banco Mundial, lanzó un programa de emergencia para ayudar a las familias de ingresos bajos y medios, abrumadas por sus deudas bancarias.

Además impulsa un programa para reducir la jornada laboral a 40 horas semanales, con dos días de descanso.
Los últimos sondeos señalan que la aprobación del presidente se mantiene en 46,8%, contra una desaprobación del 52,5%, según una encuesta de la consultora brasileña Atlas Intel y la agencia financiera estadounidense Bloomberg, realizada el 28 de abril.

Mientras tanto, un estudio de la consultora Nexus muestra que existe un virtual empate técnico entre Lula y Bolsonaro, de 46% contra 45%, respectivamente.

Lula condenó la intervención militar estadounidense a Venezuela, realizada a principios de enero para capturar al presidente Nicolás Maduro, al que Washington acusa de narcotráfico, del mismo modo que se opone a una operación de ese tipo contra Cuba, gobernada desde hace 67 años por el castrismo.

Para el analista internacional, Gustavo A. Cardozo, “el problema se da en dos frentes: la edad de Lula, pues tiene más de 80 años, y por otro lado hay un agotamiento del modelo del PT, con una pequeña inflación que se ha incrementado, aunque no se nota mucho, pero también hay mucha crítica hacia la política exterior que está llevando a cabo el mandatario”.

En marzo, el costo de vida interanual aumentó el 4,14% contra el 3,81% registrado en febrero, informó el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE).

“Hay muchos sectores, sobre todo del establishment económico, que consideran que eso puede afectar el desempeño de los grupos a los que ellos representan; uno es la fracción agropecuaria, ya que la guerra en Medio Oriente hizo que subieran los precios de los combustibles (biodiesel, entre otros)”, dijo Cardozo.

En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, Cardozo afirmó que “Flávio Bolsonaro representa un aire nuevo, y mucha gente lo ve con bueno ojos, porque considera que el ´lulismo´ está agotado”.

El académico del Centro Brasileño de Investigación y Estudio (BraS) recordó que Lula recibió a muchos refugiados palestinos, lo cual generó molestias en la comunidad judía brasileña, considerada la novena más grande del mundo y la segunda de Latinoamérica, detrás de Argentina.

“El presidente brasileño es un Lula del PT de los setenta, pero no un dirigente político que está mirando la realidad que realmente debe jugar hoy Brasil en el Siglo XXI”, opinó Cardozo.

No obstante, señaló que Lula “tuvo ese rol durante su segunda presidencia (2006-2010), pero en esta tercera (iniciada en enero de 2023) deja mucho que desear; está muy quedado y los brasileños se dan cuenta de eso”.

“En ese sentido ven que (el presidente de Argentina, Javier) Milei tiene un mayor protagonismo) en el mundo. Con todo, Lula no está perdido, pero no la tiene fácil”, dijo Cardozo.

Pese a que muchos lo consideran un viejo, el veterano político parece aún un hombre vital para continuar al mando de Brasil. Como muchos ancianos del siglo XXI, el jefe de Estado participa en caminatas callejeras, hace pesas y hasta baila en el carnaval brasileño.

Por NP