BUENOS AIRES (ANP).- Hace diez años, un mediático joven empresario apareció en el programa de Jorge Lanata para encender la madre de todas las mechas, cuando confesó haber lavado cerca de 55 millones de euros por orden de Lázaro Báez, un kirchnerista apuntado por todos como testaferro de Néstor Kirchner.

Aquello pasó el domingo 14 de abril de 2013 y quienes no escucharon las explosivas declaraciones en directo por la pantalla de Canal 13, no tardaron en enterarse ni bien se levantarse al día siguiente, porque la bomba estaba en todos los medios.

El que había arrojado el fósforo sobre un mar de nafta era Leonardo Fariña, un personaje farandulero que había saltado a la fama dos años antes cuando se casó en una megaboda con la entonces modelo Karina Jelineck.

Fariña había aparecido de la nada y deslumbrado a la bella modelo con la imagen de millonario enamorado que no dudó en poner su fortuna a disposición de su amada, además de un lujoso auto y un costoso departamento, aunque nada era cierto. Todo era una fachada para ocultar que, en realidad, manejaba dinero ajeno de dudosa procedencia. Pero la desilusión de la novia utilizada es otra historia.

Lo importante es que a partir del lunes 15 de abril de aquel año, comenzó en el seno del kirchnerismo un cimbronazo que todavía perdura, conocido como «La ruta del dinero K», todo un clásico argentino.

Fariña había admitido en ese programa de Lanata que había sacado del país toda esa fortuna hacia paraísos fiscales, y de un momento a otro se encontró recorriendo programas televisivos para contar sobre la oscura tramaa de corrupción que enlodaba a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner.

Los medios ese día dieron cuenta del estupor que dominaba al Poder Ejecutivo. Ningún funcionario salió a responder, ya sea para condenar o admitir la versión de Fariña, y el entonces ministro de Planificación, Julio De Vido, suspendió todas sus actividades de aquel lunes.

Mientras tanto, Cristina estaba regresando el El Calafate y todos los ojos estaban puestos en ella. Y, claro, los oídos, porque se avecinaba uno de sus tantos actos públicos y nadie quería perderse sus comentarios al respecto. Pero no hubo mención alguna. En la Casa Rosada todavía evaluaban los pasos a seguir, a sabiendas de que comenzaba un largo camino judicial.

El 16 de abril, Fariña hizo una nueva aparición televisiva, esta vez en un programa de espectáculos, donde ratificó sus vínculos con Báez y aunque comenzó a desdibujar los detalles que había contado en el programa de Lanata, ya era tarde. Para el día siguiente, fiscales y jueces ya comenzaban a trabajar en lo que consideraban una asociación ilícita al más alto nivel del poder.

A partir de ahí, la Justicia comenzó a investigar con lupa los movimientos sospechosos de un avión propiedad de Báez, y la bola de nieve ya nunca paró de crecer con pruebas que se iban acumulando sin tregua.

El escándalo siguió su curso a través de los años y en 2016 tuvo otro hito, cuando Fariña declaró formalmente bajo la figura de arrepentido ante la Justicia. En ese momento, el empresario aportó información precisa sobre cuentas bancarias y empresas que participaron en las maniobras para sacar el dinero de una financiera conocida como La Rosadita, nombre incriminatorio si los hay.

Fariña llegó a relatar confidencias que le había hecho Báez a él y a muchos otros colaboradores, según las cuales la muerte de Néstor sorprendió a Báez y a otros empresarios de su círculo con dinero kirchnerista entre sus manos. Fariña agregó que CFK no estaba al tanto de esos fondos pero que al morir su esposo los reclamó con dureza, marcando un quiebre entre la mandataria y el ex socio de su marido.

Fariña estuvo poco más de dos años en prisión mientras avanzaba la investigación hasta que llegó la sentencia a cinco años de cárcel. Sin embargo, por su colaboración como testigo, su pena sería reducida.

Fariña, que se casó nuevamente, obtuvo la libertad condicional y aunque en agosto deberá enfrentar otro juicio que tiene que ver con la compra de un campo, son pocas las probabilidades de que vuelva a prisión. Sin embargo, al sentarse a este nuevo banquillo volverá a verse la cara con Báez, que también está implicado en esa transacción.

El destino de Lázaro Báez es más que conocido. Luego de que fuera condenado por maniobras en obras públicas, juicio en el que también fue sentenciada a 6 años la actual vicepresidenta, el ex socio de Néstor Kirchner logró que se le redujeron la pena de 12 a 10 años.

Báez actualmente cumple prisión domiciliaria mientras continua con sus abogados trabajando ante la Justicia para lograr alguna vez su libertad y dejar atrás la historia de la famosa ruta del dinero K que lo llevó a una telaraña legal de la que aún no sale.

 

Por NP