BUENOS AIRES (ANP).- Subsidios, «readecuación» tarifaria, inversiones anunciadas, megaproyectos del RIGI. Nada sirve. Desde que la red energética dejada por el menemismo empezó a mostrar signos de envejecimiento y comenzó la negación de la realidad de una crisis en puerta del entonces ministro de Planificación Federal kirchnerista —el actual presidiario Julio De Vido— nada cambió.

Es decir, ni las multas a las empresas del populismo, ni los aumentos sin anestesia del macrismo, ni los fuertes ajustes mensuales del que ahora se proclama el mejor gobierno de la historia argentina reciente. Nada pueden contra el clásico de cada diciembre y principios de enero: el termómetro sube y la red sencillamente colapsa.

Que la temperatura sube sucede en todo el mundo, pero no en todo el mundo revienta todo y miles de usuarios se quedan sin luz durante días, con temperaturas por encima de los 33 grados y con todas las vituallas navideñas pudriéndose en las heladeras. Pero en Argentina sí, cada año es lo mismo, a pesar del marketing de Vaca Muerta y del aumento mensual de las tarifas.

El día más caluroso registrado en Buenos Aires fue el 23 de enero de 2014, cuando la sensación térmica alcanzó los 47,6 grados centígrados. Aquello fue un infierno pero eran tiempos del populismo empobrecedor con Axel Kicillof a la cabeza de Economía, cuando hacía discursos grandilocuentes que hundieron al país en varios juicios que, indefectiblemente, se perderían, siendo el de YPF el más estrepitoso de sus fracasos, con consecuencias que todavía están pendientes de pago.

Hoy, en tiempos de La Libertad Avanza, la historia del suplicio de fin de año sigue vigente. Desde hace días barrios enteros sufren corte de luz por turnos (que tienen todo el aspecto de estar programados para que no colapse la red), pero ayer pasada la medianoche una falla en una Subestación Bosques provocó un corte masivo que dejó a un millón de porteños y bonaerenses sin suministro, en medio de un calor extremo y para colmo de males, en vísperas del Año Nuevo.

Las cuadrillas trabajaron toda la madrugada remendando aquí y allá pero esta tarde, cuando la sensación térmica ya supera los 41 grados, unos 40.000 hogares aún siguen sin luz, reorganizando sus programadas cenas familiares, buscando al pariente que tiene una heladera funcionando. Ni hablar de los que tienen bebés o ancianos en la casa. Por suerte, la Quinta de Olivos tiene luz y los ministros ya están de vacaciones, en lugares donde seguramente la electricidad no se corta, haga el calor que haga.

La explicación del ENRE como siempre es que se produjo un marcado incremento del uso de la electricidad por el intento calor —las inversiones insuficientes nunca tienen la culpa, siempre es la gente— mientras que las empresas empezaron a informar que las tareas se están cumpliendo por etapas. El último horario estimado para el restablecimiento del servicio es las 4.00 de la madrugada, pero podría ser antes. Igual el helado ya se derritió.

La gran fe del gobierno del presidente Javier Milei está puesta en una serie de proyectos de energía que calificaron para ingresar al programa de incentivos a las grandes inversiones, RIGI, que prometen agregar capacidad al sistema eléctrico. También anunció hace pocos días que habilitó obras prioritarias de su Plan Nacional de Ampliación del Sistema de Transporte de Energía Eléctrica.

Los resultados se verán en el mediano plazo. Hoy a muchos les queda apelar al hielo en la conservadora de playa y al resto, rezar para que no les toque. El futuro próximo dirá si el programa libertario terminará con el padecimiento de los barrios porteños y bonaerenses de todos los veranos, o si quedará en un PowerPoint de aquellos que De Vido mostraba en interminables conferencias de prensa mientras la red eléctrica explotaba.

Por NP