BUENOS AIRES (ANP).- A pesar de que falta un año para las elecciones presidenciales de 2027, el peronismo –en sus múltiples ramificaciones- parece haber entrado en un vórtice de internas y definiciones de candidaturas, cuya velocidad cambia y, curiosamente, se relaciona más con variables políticas y económicas internacionales que con los disímiles resultados económicos de la gestión de Javier Milei.

Las intermitentes negociaciones entre Axel Kicillof, Sergio Massa y Cristina Fernández de Kirchner (CFK), aumentan o disminuyen la temperatura en forma inversamente proporcional a los acercamientos entre dichos dirigentes, que mantienen reuniones o envían mensajes a través de portavoces o representantes de mejor o peor manera.

Pero dichos vaivenes parecieran tener que ver más con los altibajos del “Riesgo País”, los precios de los commodities, los resultados electorales en otros países y la política exterior de Donald Trump, entre otras variables, que con la situación socio-económica del país y el resultado fronteras adentro de las políticas de Milei.

El presidente y sus funcionarios, entre ellos el ministro de Economía, Luis Caputo, y el poderoso ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, afirman que el Riesgo País aumenta por el miedo de los mercados internacionales a un posible regreso del kirchnerismo al poder, repiten una y otra vez que tienen el blindaje de dólares necesario para contrarrestar cualquier corrida cambiaria y muestran índices de crecimiento significativos, sobre todo en Minería, Petróleo y exportaciones agrícolas.

Sin embargo, si las cosas marcharan tan bien como asegura el gobierno nacional, la posibilidad de un regreso de los “kukas”, como les gusta designar al kirchnerismo, debería ser prácticamente nula y no le haría falta ratificar tantas veces que todo marcha bien; nadie dice que todo está perfectamente bien todo el tiempo y menos cuando nadie le pide que lo diga.

Tal vez, Milei y sus funcionarios deberían revisar más qué es lo que provoca esos vaivenes en la macroeconomía y las consecuencias de sus políticas en la realidad de la mayoría de los argentinos, que dedicarse a percibir operaciones mediáticas, golpes de Estado o conspiraciones internacionales, cuando el presidente es el primero en ser acusado de injerencia en las elecciones en otros países, como ocurrió con Brasil o España.

El Peronismo no tiene hoy un discurso monolítico sobre temas como el régimen de fomento de inversiones de Milei -el RIGI y sus reediciones-; la repentina reivindicación de la soberanía sobre las Islas Malvinas, con sanciones a empresas que inviertan en las islas, luego ralentizada por las quejas de EEUU o la caída del empleo registrado o los niveles de pobreza e indigencia.

Las votaciones de los legisladores que llegaron a sus bancas con el sello del PJ y sus derivaciones (frentes, alianzas, colectoras) son una demostración cabal de la diferencia en cuanto a cómo se comportan los representantes de las distintas regiones del país.

A esto se agregan también los posicionamientos de algunos gobernadores peronistas, qué tienen que gestionar presupuestos altamente deficitarios en provincias con una disparidad enorme de recursos naturales o productivos entre sí y que no podrían hacerlo sin los aportes de fondos del Tesoro.

A partir de la detención e inhibición perpetua para ejercer cargos públicos de Cristina Kirchner, su departamento de la calle San José 1111 en Buenos Aires, pasó a convertirse en lugar de peregrinación para sus seguidores y en espejo del respaldo o no de los dirigentes de los distintos sectores que hoy conforman Movimiento Peronista, cuya herramienta electoral, el Partido Justicialista (PJ), es conducido precisamente por ella a nivel nacional.

Sin embargo, debido a que CFK no puede ser candidata por decisión de la Justicia Federal de Comodoro Py, el gobernador de la inmensa provincia de Buenos Aires pasó a convertirse en el candidato con mayor caudal de votos para una futura elección presidencial: su distrito representa un determinante 40% del electorado y el 37% del PBI de todo el país.

Sin embargo, la construcción de Kicillof a nivel nacional, el Movimiento Derecho al Futuro (MDF) no fue bien visto nunca por el kirchnerismo, que mira de reojo al gobernador bonaerense desde que en un increíblemente lejano 2023 habló de que “se necesitan nuevas canciones” e hizo un paralelismo entre Perón, Eva Perón, Néstor Kirchner y CFK y las viejas bandas de rock que “tocan siempre los mismos grandes éxitos”.

En este escenario, donde se cruzan de un lado a otro como en un divorcio ex intendentes, funcionarios y legisladores, surge con vital importancia la figura de Sergio Massa, artífice en su momento de la escisión y la creación del Frente Renovador (FR) que en 2013 favoreció la derrota 2015 del candidato del Frente para la Victoria (FPV), Daniel Scioli, quien continuó su ecléctico derrotero político y es hoy un ferviente funcionario mileísta.

Pese a que su enfrentamiento con el Kirchnerismo fue más duro y verbalmente explícito, a diferencia de los solapados gestos de Axel Kicillof, Massa no dudó en acercarse nuevamente a Cristina Kirchner y colocó al que hasta entonces era su jefe de campaña, Alberto Fernández, como candidato y, a la postre, presidente de la nación en 2019.

Hay que notar que este hecho no es menor, debido a que muchas veces se señala a Cristina Kirchner como la responsable de elegir “a dedo” a los candidatos del PJ y sus frentes electorales; incluso, se le endilgó con Scioli, cuando ideológicamente no eran para nada cercanos y tuvieron muchos desencuentros durante su paso como vicepresidente de Néstor Kirchner (2003-2007). Su candidatura pareció regirse más por el evidente giro del electorado a la derecha que por convicción personal.

Massa, cuyo Frente Renovador rondó siempre entre el 10 y el 15% de los votos cuando compitió en soledad, se fue transformando así en árbitro, no solo de la interna peronista, sino de las elecciones nacionales. Macri no hubiera sido presidente si el massismo hubiera apoyado la candidatura de Scioli, del cual se encontraba ideológicamente mucho más cerca que del Kirchnerismo con el que conformó un frente ganador solo cuatro años después.

Ahora, el titular del FR aparece como decisorio en la interna del Peronismo, de la cual parecen querer participar nuevamente algunos viejos conocidos que se creía estaban alejados, como Guillermo Moreno –feroz crítico de Kicillof, al que tilda de comunista-, Miguel Pichetto, espada K en el senado y luego candidato a vicepresidente de Mauricio Macri y alguno que otro dirigente de un espectro sindical absolutamente dividido y golpeado por la gestión Milei.

En ese contexto, luego de un fuerte aumento del Riesgo País, una histriónica pero rara visita de Milei a España y la caída de los republicanos en las encuestas para las elecciones de medio término en EEUU, tuvo lugar la última reunión esta semana entre Massa, Máximo Kirchner y Kicillof.

Si bien no se sabe de qué hablaron, ya que el hermetismo fue la clave del encuentro, si es evidente que se han resignado a que deben dirimir sus diferencias puertas adentro para así evitar un eventual continuismo de las políticas de Milei, cuya gestión pareciera tener el favor de cierto establishment económico, tanto dentro como fuera del país, pero cuyo estilo para hacer política le trae más problemas que soluciones, casualmente, en los mismos ámbitos.

Por NP