Buenos Aires (ANP) – La persistente negativa del Gobierno nacional a reconocer el estancamiento y la inminente entrada de la economía argentina en una recesión técnica amenaza con obstaculizar la puesta en marcha de herramientas y políticas necesarias para revertir la caída de la actividad, según advirtió un informe macroeconómico de la consultora Epyca.
De acuerdo con el análisis privado, un diagnóstico oficial que niega el deterioro del nivel de actividad deja sin margen al Poder Ejecutivo para elaborar e instrumentar medidas de estímulo dirigidas a los sectores más afectados, cuyos costos terminan recayendo sobre el empleo, el salario y las instituciones públicas.
La advertencia cobra fuerza tras la publicación del Estimador Mensual de la Actividad Económica (EMAE) por parte del INDEC correspondiente a agosto, que registró una variación mensual de apenas el 0,1% frente a julio (mes en el que se produjo un derrumbe del 2,8%). Para evitar una contracción en el tercer trimestre que confirme técnicamente la recesión (tras la caída del segundo trimestre), la economía debería registrar en septiembre un crecimiento mensual superior al 8%, una meta calificada como inviable por los indicadores adelantados.
«El panorama genera inquietud en varios planos. No está claro qué instrumentos se contemplan para reactivar la economía ni cuánto más se presionará sobre el ingreso disponible y sobre los trabajadores y las trabajadoras del sector público. Tampoco se sabe qué ocurrirá con instituciones como las universidades y los organismos de ciencia y tecnología, ni qué estrategias se adoptarán en materia de empleo. A esto se suma una preocupación de otro orden: la persistente negación de la situación por parte de los funcionarios del Gobierno».

Narrativa oficial sin sustento técnico
El reporte de Epyca remarca que la estrategia del Ejecutivo para sostener un relato de crecimiento ha recurrido al uso de datos que posteriormente sufrieron severas revisiones a la baja.
En particular, la serie de «tendencia-ciclo» del EMAE —ponderada públicamente por las autoridades económicas frente a la pérdida de dinamismo general— fue corregida de forma retrospectiva por el propio INDEC, pasando de reportar subas del 0,2% mensual a mostrar un crecimiento nulo (0,0%) entre abril y agosto. En los propios parámetros utilizados por el Gobierno, el panorama actual refleja un claro estancamiento.
Asimismo, las proyecciones del mercado acompañan la tendencia descendente: en el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central (BCRA), la estimación de crecimiento para todo el año se redujo al 1,5%, alejándose fuertemente del 3% pautado por el Gobierno en la Ley de Presupuesto.
Caída de la demanda y escepticismo empresarial
La falta de respuestas oficiales frente a la recesión contrasta con la preocupación del sector productivo y comercial, empujado por el debilitamiento de los ingresos reales:
- Debilidad del consumo: El 66,3% de los supermercados y autoservicios mayoristas, junto con el 54% de las industrias manufactureras, identifican a la falta de demanda como el principal factor limitante de su actividad.
- Confianza en mínimos: El Indicador de Confianza Empresarial (ICE) del INDEC arrojó en septiembre valores de -4,3 para el comercio masivo y de -18,9 para la industria manufacturera, ubicándose entre los registros más bajos de la actual gestión.
- Balance financiero desfavorable: Apenas el 9,3% de los comercios mayoristas y el 11% de los industriales califican su situación financiera como buena, frente a un 25% que la considera directamente mala.
- Deterioro laboral: En el segundo trimestre del año, el empleo privado formal registró una contracción del 2%, en abierto contraste con el discurso oficial que pregona una mejora en el mercado de trabajo.
A este complejo escenario de la economía real se suma el frente financiero, donde el riesgo país registró un salto del 25,4% en el último mes, consolidándose por encima de los 700 puntos básicos.
Analistas concluyen que sin la admisión de un diagnóstico preciso por parte de las autoridades económicas, se torna improbable la instrumentación de políticas de reactivación, profundizando la vulnerabilidad del consumo y el entramado productivo.

