BUENOS AIRES (ANP).- Se le atribuye al gran actor Michael Caine una frase que dice: “Algunas películas se hacen por arte, y otras para pagar las cuentas”. Tal vez Jennifer López debe tener que pagar altas expensas de sus mansiones para haber perpetrado “Turbulencia en la oficina”.
Y no es que no sea una buena actriz. Ha tenido papeles destacados como en “Estafadoras de Wall Steet”, incluso en comedias dramáticas como “El cantante” u “Ojos de ángel”, pero en esta película que está girando por Netflix, parece aquellas que hacía Enrique Carreras, en dos semanas, pasando por todos los lugares comunes.
Eso si, al promediar la película, cuando uno se pregunta ¿”cómo es que estoy viendo esta basura”?, aparece ella en bikini como para que todos pensemos que tamaña belleza se repetirá en algún otro momento (adelantamos – no pasa).
Pero no, no es así, lo que hay es un montón de situaciones calcadas de otras comedias berretas en donde la mujer rica se enamora de alguien de menor posición económico social.
Acá, ella es la “yankee-latina” heredera de una compañía de aviación, soltera, que se enamora de uno de los abogados de su firma, que es inglés, y de allí los mundos “casi opuestos” que se atraen.
Todas las situaciones se pueden ir anticipando. Ella sobre actúa todas las tomas, tal vez porque tenía que seguir bailando y cantando en Las Vegas y quería terminar rápido de filmar esta película que desde acá NO recomendamos.
No te pedimos tanto, pero tampoco tan poco, Jennifer.
