BUENOS AIRES (ANP).- El sentido común y el pragmatismo fueron siempre los grandes aliados del presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, un ex obrero metalúrgico que a sus 80 años declara sin rodeos que no es un político de izquierda.
Pese a ello, Lula ha manifestado su solidaridad con Cuba, un país caribeño de partido único que sufre desde 1962 un embargo económico y un reciente bloqueo petrolero dispuesto por Estados Unidos que han agravado las necesidades básicas de la población de ese país.
También ha criticado las políticas intervencionistas del presidente Donald Trump en América Latina, sobre todo en Venezuela, donde una fuerza militar estadounidense capturó el 3 enero al mandatario Nicolás Maduro y a su esposa, para ser juzgados en Nueva York por cargos de narcotráfico.
Para no criticar a La Habana, donde existen 1.280 presos políticos, según informes de la organización Human Rights Watch, con sede en Washington, Lula pone de ejemplo a Haití, una democracia “con hambre, violencia, analfabetismo y ausencia absoluta de servicios”.
Esta semana, Lula mantuvo una conversación informal con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Giorgieva, en la cumbre del G7, formada por las grandes potencias occidentales, realizada en Évian- les-Bains, al este de Francia.
Entonces el jefe de Estado brasileño manifestó, con micrófono abierto: “El mundo no es de izquierda, el mundo es del camino del medio. Esa es la verdad. Nunca fui de izquierda”.
Lula se postula para un cuarto mandato presidencial por el Partido de los Trabajadores (PT). Por eso le pidió a Trump que no se involucre en las elecciones generales de Brasil, previstas para el 4 de octubre, donde el actual mandatario lleva una ventaja de más de doce puntos en la intención de voto (49,3% contra 36,8%) sobre el pre candidato de la ultraderecha, el senador Flávio Bolsonaro, hijo del ex presidente Jair Bolsonaro (2019-2023).
La encuesta conjunta de la Consultora Nacional de Transporte (CNT) y el instituto MDA fue realizada entre el 10 y el 14 de junio.
Según informes de la prensa brasileña una de las causas del ascenso de Lula es la relación que mantuvo Flávio Bolsonaro con el banquero brasileño Daniel Vorcaro, quien fue acusado por la justicia de cometer fraude por unos 12 millones de dólares, para financiar una película biográfica sobre el ex mandatario de ultraderecha. 
Trump, (foto) por otra parte, criticó la decisión del Supremo Tribunal de Brasil que el martes condenó a Eduardo Bolsonaro (otro de los hijos del mandatario convicto) a cuatro años y dos meses de prisión por coacción a la justicia. Por ese motivo, el magnate estadounidense definió a Brasil como un país “peligroso políticamente”.
En cuanto a Lula y a sus declaraciones de que no es un político de izquierda, el analista internacional Gustavo Alejandro Cardozo señaló: “No salió de las universidades marxistas ni de la guerrilla, sino del sindicato metalúrgico”.
“El sindicalista no busca hacer la revolución ni tirar abajo el sistema; busca negociar con la patronal un aumento o un beneficio concreto. En el fondo, el mandatario es un pragmático absoluto, un negociador, no un dogmático”, añadió.
En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, el académico dijo que las declaraciones de Lula a la directora del FMI “son pura diplomacia y realpolitik para las potencias occidentales”.
“En un mundo hipertenso y con Brasil recontra polarizado, Lula les está mandando un mensaje de tranquilidad a los mercados: «Quédense tranquilos, no soy un radical, conmigo hay previsibilidad y las reglas se cumplen», afirmó el académico del Centro de Estudios e Investigaciones Brasileños, especializado en la política doméstica de China.
Cardozo puso de ejemplo que “no por nada el vicepresidente actual de Lula es Geraldo Alckmin, del Partido Socialista, un dirigente que históricamente fue de centroderecha”.
Para el investigador argentino, Lula se manifiesta “con una honestidad brutal sobre todo lo que es el ´lulismo´. A él no le interesa estatizar los medios de producción; su meta histórica es que los sectores más postergados dejen de tener hambre, tengan trabajo y consuman”.
“Es decir, dinamizar el propio capitalismo pero con inclusión social. Eso a la izquierda teórica le hace cortocircuito, pero es lo que explica de algún modo por qué Lula sigue estando en el centro del poder global”, aseguró Cardozo.
Durante su discurso en Évian, el presidente brasileño trató de convertirse en la voz de Latinoamérica frente a un arrogante Trump que en su primera declaración, formulada antes de que comenzara la cumbre, advirtió: “Soy el jefe”.
Con gran autoridad, Lula pidió establecer nuevas alianzas y reconstruir la solidaridad internacional. Y en otra parte de su mensaje, tal vez con la mirada puesta en las elecciones brasileñas, opinó: “El neoliberalismo ha agravado la desigualdad económica y las crisis políticas que hoy asolan a las democracias”.
