BUENOS AIRES (ANP).- El presidente Javier Milei presentó anoche el proyecto de Presupuesto 2026 con la promesa de mayores recursos para todo lo que pocas semanas atrás vetó: más fondos para jubilados, universidades y asistencia a las discapacidades, lo que fue bien recibido por la mayoría de los referentes políticos.

Sin embargo, como no podía ser de otra manera, el gobernador Axel Kicillof ya olió sangre y no parece dispuesto a perder la oportunidad, lo que no sería reprobable si se tiene en cuenta que al presidente nadie le tendió una zancadilla política. Milei cayó solo en la trampa de los aduladores y de su propia soberbia. Había llegado al poder casi con el único objetivo de controlar la inflación como fórmula de éxito, y descubrió de la manera difícil que eso era solo una parte del problema.

Las urnas hablaron claramente y el presidente supo escuchar. Anoche, el temor era que se despachara con un discurso en cadena hablando pestes del Congreso y de los malvados periodistas, pero afortunadamente fue medido, habló de la importancia del equilibrio fiscal, pero con conciencia de que buena parte de la población necesita ayuda. Dos años de ajuste son más que suficientes para ordenar la macro, ahora es el turno de la micro.

El proyecto de presupuesto que se votará destinará el 85% del gasto educación, salud y jubilaciones, con 4,8 billones de pesos a universidades nacionales, un 5% más para jubilaciones, un 17% más en salud y un 8% adicional en educación, según anticipó anoche Milei.

También aclaró que todas estas cifras de incremento están calculadas por encima de la inflación proyectada, y agregó que se aumentará en un 5% real el monto destinado a pensiones por discapacidad. Finalmente, los fondos para atender esas necesidades presupuestarias, que tanto juró Milei que no existían, aparecieron.

Pero Kicillof salió también a hablar anoche, tras el discurso, y dijo que estos aumentos tienen sabor a poco. Jura que no es momento de hablar de futuras candidaturas presidenciales, pero se le nota que ya apretó el acelerador. Sabe que si en los dos años siguientes Milei modera su soberbia le puede ir bien en las elecciones de 2027 porque su situación dista de la que atravesaba Macri en 2019, con solo un par de meses para revertir las PASO. Milei tiene dos años por delante.

El gobernador bonaerense se ocupó ayer en subrayar en una entrevista con LN+ que lo anunciado en el presupuesto 2026 «es muy insuficiente», porque en términos reales es difícil que los jubilados recuperen lo que ya les quitaron.

Además, el gobernador volvió a reclamar a Milei que lo reciba y lo escuche, que negocien, que tengan un diálogo. Lo que equivaldría ni más ni menos que a una charla de sordos en el que uno pactó tregua con el electorado por obligación y no por convencimiento, y donde el otro afirma sin empacho alguno que no se arrepiente de la privatización de YPF, que tiene al país sumido en un conflicto judicial catastrófico.

Más allá de la rencilla política, el proyecto enviado anoche al Congreso plantea que este año la economía cerrará con una inflación de 24,5%, un crecimiento del PBI del 5,4% y un dólar en $1.325. Para 2026, los números esperados son 10,1%, 5% y $1.423 en cada caso. Son números buenos si se cumplen, y todo indica que con una inflación en retirada y con mayor conciencia social, Milei podría llegar a lograrlo. Ahora es cuando el plan del libertario se enfrenta al verdadero desafío, a la compleja y frágil microeconomía argentina.

 

 

Por NP