BUENOS AIRES (ANP).- Cada año desde que murió —mañana se cumplirán exactamente 15— se desata algo parecido a una procesión religiosa virtual, cuando miles de jóvenes adultos que crecieron con sus programas de TV salen a inundar las redes para recordar a la estrella de éxitos como Chiquititas, Amor mío y Casi Ángeles. Todos se suman: público, medios y parientes, que siguen celebrando su vida en un intento tenaz de contrarrestar su ausencia.

La partida sorpresiva de Romina Yan el 28 de septiembre de 2010 dejó a sus admiradores pasmados y tristes, sin habla, porque aunque sabemos que cualquiera puede morir en cualquier momento, por algún motivo inexplicable no parecía posible que le pasara a ella. Las noticias de su fallecimiento debido a un paro cardiorrespiratorio no paraban de llegar pero nadie lo creía hasta que no quedó rastro de duda de que la querida actriz había muerto a sus 36 años dejando a una familia entera sumida en la desesperación.

Nótese que en el año 2010 ya las redes estaban atestadas de haters que lo primero que hicieron antes de llorar fue acusar a la madre, la productora Cris Morena —una de las mejores y más creativas visionarias del entretenimiento— de haber conducido a su propia hija a la tragedia por sumergirla en ese mundo del espectáculo que solo admitía entre sus estrellas a las mujeres espectaculares, de rostros perfectos y cuerpos estupendamente estilizados.

Romina Yan dejó tres hijos pequeños al momento de su muerte

En ese momento Morena no atendió tales estupideces, tenía problemas mayores como nietos chiquitos que sostener, otro hijo totalmente devastado que consolar, y también pensar en cómo no morirse ella también de pena. Decidió cerrar su productora durante un año hasta que pudiera dejar de llorar y volver a levantarse de la cama.

El cisne que nadie vio venir 

Romina Yankelevich, como todos saben, nació en el seno de una familia forjada en los albores de la televisión argentina. Difícilmente un miembro de esa estirpe, en tiempos de supremacía de la TV y cuando las plataformas de streaming eran ciencia ficción, podía escapar al mandato de estar en el mundo del espectáculo ya sea como guionista, director, productor, intérprete o como lo que sea que tuviera que ver con una cámara. Era un sino.

Romina no fue la excepción y desde pequeña se sintió llamada por la actuación. Sin embargo, se dice que de jovencita se sentía el patito feo de ese universo rutilante, que le preocupaba que su tipo físico no encajara en la imagen estándar de las actrices protagónicas de los años ’80 y ’90, donde para encabezar una telenovela había que ser una supermodelo de piernas largas y cintura ínfima.

A la sombra de aquellos estereotipos, trabajó duro para ganarse su lugar y las presiones la hicieron caer en la anorexia, como ella misma relató en una entrevista con la revista Para Ti, un problema con el que lidiaría muchos años.

Al principio ella y todos los que la rodeaban pensaban que no tenía las armas para destacarse entre las más bellas. Nadie se había dado cuenta, ni siquiera ella misma, que había nacido dotada con algo más valioso que un cuerpo lánguido y rasgos de muñeca porque el público y sus colegas coinciden en que había algo mágico en ella, etéreo. Técnicamente, era linda pero en la práctica era como un hada que flotaba alrededor de los mortales. Como si el último éxito en el que participó hubiera sido una profecía, era «casi un ángel» caído en la Tierra.

Después de algunas dudas, Romina empezó a protagonizar y demostró que tenía un carisma que más de una pechugona le hubiera envidiado. Empezó con Chiquititas, que marcó a toda una generación, y siguió con telecomedias como Amor mío y con participaciones en distintos programas unitarios y algunas películas.

El caso que mejor plasmó su magnetismo fue su papel de Marisol en la telenovela Provócame, que estaba protagonizada nada menos que por Chayanne y Araceli González, ambos en la cima de sus carreras.

«Chiquititas» fue el programa que la catapultó a la fama

El personaje de Romina era secundario, la chica buena enamorada sin esperanzas del galán, pero fue tanto su encanto que el público empezó a pedir a gritos que el chico se quedara con ella.

Se rumoreó que la preferencia de la gente molestó a Araceli, y la productora zanjó el tema haciendo que el protagonista, Pedro, se casara con Marisol al verse finalmente conquistado por su ternura, aunque los dos sabían que ella tenía poco tiempo de vida, algo que algunos ven como otra de las señales de que Romina estaba en este mundo para dejar un legado y luego irse pronto. De esta forma, una vez viudo, el protagonista quedó libre para unirse a la protagonista, tal como marcaba el contrato, y asunto arreglado.

El día fatal

Lo que se sabe del día en que murió es que se levantó como siempre y comenzó su rutina diaria con la familia. Luego fue al gimnasio y al salir caminando junto a un conocido, se sintió mal. Su amigo pidió ayuda rápidamente y la ambulancia respondió igualmente veloz, pero no había nada que hacer. Falleció casi instantáneamente.

Muchos famosos salieron ese día y los siguientes a expresar su estupor. Desde entonces, cada año llegan los recordatorios, el infaltable mensaje de cumpleaños de su mamá en X (antes Twitter), las remembranzas cargadas de dolor que cada tanto comparte en alguna entrevista el padre, Gustavo Yankelevich, y esas reuniones en las que se suelen juntar los excompañeros de sus éxitos televisivos para simplemente honrar memorias compartidas.

Con su madre, la productora televisiva Cris Morena

No faltan los haters que se quejan de esas ceremonias, que no encuentran sentido en eso de escribir cada 28 de septiembre en un muro virtual ese «feliz cumpleaños» que Romina ya no puede escuchar. A veces es difícil que todos entiendan que los duelos no tienen un formato establecido, que cada cual procesa el dolor en el tiempo y de la manera que puede. Y que algunos seres están destinados a quedarse rondando este plano hasta que el último de quienes lo retienen tengan, por fin, que soltarlo.

 

Por NP