Las supuestas mejoras en los resultados fiscales del segundo semestre se obtuvieron con una serie de decisiones que no pueden sostenerse en el tiempo, como la licuación del gasto por medio de la aceleración de la inflación y la postergación de pagos, en especial los subsidios, en una estrategia definida como «barrer bajo la alfombra» por la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

En su última edición mensual de los «Indicadores de coyuntura», los economista Juan Luis Bour y Daniel Artana coincidieron en advertir en la endeblez de esa estrategia y en remarcar que esconde serios peligros de un agravamiento de la crisis, en especial en un año electoral como 2023.

«Entre julio y noviembre, el gasto primario cayó 6% en términos reales», remarcó Bour, quien señaló como principales variantes de ese logro «la postergación de pagos –básicamente de subsidios a la energía-, el uso de contabilidad creativa para registrar el ingreso de DEGs como recursos del Tesoro (US$ 1180 millones en diciembre), la utilización al máximo de los límites sobre deuda flotante y la devaluación del peso en forma temporaria (dólar
soja) para corregir el esquema que frena las exportaciones del complejo sojero».

Al respecto, un reciente informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC) advirtió sobre el significativo crecimiento de la deuda flotante en el último tramo de 2022.

 

https://nuevaspalabras.com.ar/la-deuda-flotante-supero-el-billon-de-pesos-en-octubre-y-aumento-en-un-ano-255/

 

«Otro factor que, sin embargo, contribuyó en forma significativa para reducir el gasto real fue la aceleración inflacionaria del segundo semestre que permitió financiarse con una baja real del gasto en jubilaciones de más de 6% anual desde agosto en adelante», continuó Bour, para agregar que «desde octubre también comenzó a caer el gasto real en salarios públicos».

El problema de esa estrategia es que «mientras la inflación sube, el gasto real va por detrás, pero si la inflación desacelera –aunque sea transitoriamente- las cosas cambian: eso es lo que está ocurriendo en el último bimestre
del año», acotó.

«Esta estrategia de esconder los desequilibrios fiscales sería especialmente grave en un año 2023 en que podríamos enfrentar una caída apreciable de las exportaciones primarias y agroindustriales, si se confirman nuevas estimaciones a la baja de la producción agropecuaria como consecuencia de la sequía. Se estaría –en particular- expandiendo la demanda de no transables (gasto público) en momentos que se contrae la oferta agregada, no solo por la sequía sino por la propia política económica que pretende asignar en forma administrativa los escasos dólares disponibles», alertó.

Para Bour, «el país está aún lejos de haber corregido el ‘rumbo de colisión’ al que nos enfrentábamos en junio y julio, cuando todos nos asustamos de la aceleración del proceso de descomposición».

En ese sentido, alertó que «el acompañamiento del Fondo Monetario será cada vez más débil, pues desde el primer trimestre de 2023 los pagos que debemos realizar superan con holgura los desembolsos que se recibirán (el déficit del año está en el orden de los 2 mil millones de dólares)».

«Sin auxilio relevante del resto de multilaterales, la Argentina deberá enfrentar –y probablemente lo haga en forma rápida y por causas que siempre se pueden considerar fortuitas- el costo de barrer eternamente sus problemas bajo la alfombra», finalizó.

Por NP