BUENOS AIRES (ANP).- Todavía hay quien frunce el ceño cuando se habla de una boda entre dos personas del mismo sexo, pero no hay duda de que lo peor ya pasó, aunque la historia de la humanidad nos enseñe que nunca hay que dar nada por terminado. Sin embargo, y felizmente para los derechos humanos, el matrimonio igualitario existe y Argentina tiene un papel destacado en el largo derrotero hacia su legalización.
Todos saben que Argentina fue pionera en reconocer el derecho a casarse a parejas de homosexuales y lesbianas, ya que en la madrugada del 15 de julio de 2010 —en unos días será el 15º aniversario de la aprobación en el Congreso— nuestro país se convirtió en el primero de América, detrás de una reducida lista de naciones europeas encabezada por Países Bajos.
Pero 15 años es mucho en Argentina y hoy pocos recuerdan los detalles del escándalo vivido los días previos, con miles de creyentes a punto de colapsar por la sanción inminente de la ley. El 13 de junio de aquel año, hoy se cumplen 15 años, la Ciudad de Buenos Aires se convirtió en escenario de una mega movilización en la que católicos y evangelistas se unieron para protestar contra lo que consideraban una afrenta a Dios y a la ley natural.
La reunión se había convocado para las 18.30 frente al Congreso, donde Diputados ya había avalado la normativa. Con pocas esperanzas de que el Senado la frenara —hay que recordar que gobernaba Cristina Kirchner, escasos meses antes de quedar viuda, cuando el discurso de la diversidad entraba a su apogeo— la marcha repudió el proyecto esperando enviar un mensaje contundente al gobierno.
Pero a Cristina, es bien sabido, nadie la convence de nada y pese a ser creyente también apoyaba el proyecto al punto de comparar públicamente la postura de la Iglesia con la Inquisición. También vio con buenos ojos la convocatoria a un ruidazo aquella noche en el que Senado votaba y los detractores protestaban.
Finalmente, fueron unas 50.000 personas las que se presentaron a expresar su indignación, un número importante para una manifestación de estas características. Mientras tanto, en el Senado la pelea era encarnizada, voto a voto, para convertir la iniciativa en ley.
Por fin, poco después de las 4.00 de la madrugada, el Senado aprobó la Ley de Matrimonio Igualitario N° 26.618 con 33 votos afirmativos, 27 negativos y 3 abstenciones, en la que sería una de las sesiones más extensas en la historia del Congreso argentino.
Los refunfuños no cesaron, por supuesto, hubo declaraciones en contra y algunos jueces se negarían abiertamente a casar parejas del mismo sexo, al tiempo que se anunciaba la primera boda. Si bien la primera unión civil de una pareja gay tuvo lugar en 2003 en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que contaba con un encuadre legal, los primeros en casarse al amparo de la ley que daba derechos plenos fueron el representante artístico Alejandro Vannelli y el actor Ernesto Larresse.
Sin embargo, pese a la resistencia, el cambio estaba en marcha. El contexto nacional por ese entonces era, para variar, complicado, y la gente tenía otras cosas en qué ocuparse, sobre todo de los cortes de gas que afectaban principalmente a las industrias, más algún que otro escándalo político, como los shows que montaba Guillermo Moreno por el ya olvidado caso de Papel Prensa.
Pasados 15 años desde la sanción de la ley, podría decirse que la sociedad incorpora cada vez con más naturalidad el derecho del otro a casarse con quien quiera y para muestra basta un botón: hasta la vieja y querida revista infantil Billiken incorporó entre sus efemérides la fecha de la aprobación de la primera ley de matrimonio gay en el mundo, en Países Bajos, algo que habría infartado a las madres de los que cargamos unas cuantas décadas. Y haber llegado a Billiken es un logro que lo dice todo.
