BUENOS AIRES (ANP).- El Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA) advirtió hoy que el modelos socio económico de Javier Milei, “sin políticas industriales, tecnológicas y de crédito inclusivo, tiende a consolidar desigualdades” ya también “la dependencia de la asistencia estatal”.
El informe denominado “Estrés y bienestar en una Argentina en transición” en el que dio cuenta que, al término del tercer semestre del año en el 36,3%, frente al 45,6% de julio – septiembre del año pasado.
En tanto, el Índice de Indigencia, entendido esta como la porción de pobres cuyos ingresos no alcanzan ni siquiera para garantizarse un mínimo de comida para la subsistencia, bajó al término del tercer trimestre al 6,8% frente al 11,2% de igual período del año pasado.
Las cifra difieren de las proyecciones que se realizan en base a la Encuesta Permanente de Hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) que sitúa el nivel de Pobreza en 31,6%, contra 38,1% del 2024, mientras que la Indigencia alcanza al 6,9% frente al 11,2%.
La UCA ya había relativizado los datos del Indec al señalar que “es importante diferenciar entre el fenómeno de la pobreza y el de su medición” sobre todo “En contextos de alta volatilidad”, como se dieron desde el 2023 a la fecha.
La casa de estudios trazó un panorama sobre la situación económica actual luego de señalar que “El modelo político-económico post- Convertibilidad consolidó una matriz social profundamente heterogénea, estructurada alrededor de múltiples formas de desigualdad y privación, que cristalizan las brechas de bienestar, movilidad y acceso a oportunidades”.
En términos sociales, “si bien este modelo tuvo éxito en generar un piso de protección social para el 30% de la población más pobre y extender la cobertura previsional de manera casi universal, así como mejores salarios y más derechos laborales para los trabajadores formales, nunca pudo atravesar el 25-30% de pobreza crónica en ingresos y recursos de inclusión social, ni que el 50% de la fuerza de trabajo quedara desocupada o con empleos precarios, desfinanciando el sistema de la seguridad social”.
Además, en términos socio-económicos, ese modelo “generó el estancamiento del PBI, introdujo fuertes desequilibrios fiscales y comerciales en las cuentas públicas, afectó las capacidades productivas de las empresas y las regiones”
Por su parte, la impronta libertaria “muestra una recuperación estadística de la pobreza, pero sobre una base metodológica frágil y sin mejoras equivalentes en consumo, bienestar ni capital humano”.
“La pobreza estructural, la informalidad y la precariedad laboral permanecen en niveles históricamente altos, con clases medias bajas en movilidad descendente y un 30% de la población atrapada en condiciones crónicas de vulnerabilidad que el actual modelo aún no logra perforar”, advirtió la UCA.
El nuevo régimen económico apuesta a un perfil agro-minero-exportador y tecnológico, “con elevada generación de excedentes, pero de baja demanda de trabajo”.
“Sin políticas industriales, tecnológicas y de crédito inclusivo, este patrón tiende a consolidar desigualdades territoriales y ocupacionales, favoreciendo sectores competitivos mientras empuja a amplios segmentos sociales hacia la informalidad, el autoempleo de subsistencia y la dependencia de la asistencia estatal”, señaló el documento.


