BUENOS AIRES (ANP).- Pasaron 40 años desde que los argentinos supieron de una de las historias más terroríficas ocurridas en el país, la del Clan Puccio, aquella familia de clase media acomodada con todo el aspecto de gente común, pero que en realidad se dedicaba al secuestro extorsivo en las propias narices de sus amigos y vecinos.

Sin embargo, no importa el tiempo que pase, nadie los olvidará porque ya forman parte de la cultura popular como uno de los capítulos más negros de la sección Policiales.

De hecho, la miniserie de Telefe de 2015 basada en sus oscuras andanzas, Historia de un clan, resultó un éxito de audiencia porque superaba la peor película de psicópatas que se haya filmado jamás. Unos meses antes se había estrenado en los cines El Clan, de Pablo Trapero, con Guillermo Francella como protagonista.

Los personajes de esta retorcida historia real son conocidos. Arquímides Puccio, un contador y abogado que trabajaba en la oficina de inteligencia SIDE, era el jefe de esta familia/banda que enviaba a sus hijos varones a juntar información para detectar potenciales víctimas que secuestrar para cobrar rescates.

Mientras él y sus tres hijos —Alejandro, Daniel y Guillermo— actuaban, su esposa Epifanía y sus hijas Silvia y Adriana miraban hacia otro lado y callaban. Así funcionaba la familia Puccio.

La orden para los muchachos era tan despiadada como inapelable: amigos, parientes de amigos, vecinos, todo valía. Cualquiera que tuviera una buena posición económica y una familia dispuesta a pagar era un objetivo. Y al final, todos sin excepción debían morir.

Alejandro camuflaba su verdadera cara a la perfección. Jugaba en el equipo de rugby del Club Atlético de San Isidro y hasta llegó a integrar la selección Los Pumas, siendo respetado y querido por cuantos lo conocían.

Por eso no se sabe la fecha exacta en la que murió por primera vez. Quizás fue cuando accedió a incluir en la lista de futuras víctimas a uno de sus mejores amigos. Probablemente fue mucho antes, cuando obedeció la primera orden de su desquiciado padre, esa orden que cerró todos los caminos hacia la vida feliz que pudo haber sido suya.

De su segunda muerte sí se conoce la fecha, hoy se cumplen 40 años. El 8 de noviembre de 1985 Alejandro logró zafarse de los policías que lo llevaban a testificar y se arrojó desde el quinto piso por la escalera interior del Palacio de Tribunales.

Ese día se habían terminado las artimañas, se habían caído todas las caretas. No había escapatoria, la rutina de muerte cotidiana se había hecho añicos y empezaba para él una nueva historia que no podía soportar. Había llegado el momento de rendir cuentas ante un juez.

Las acusaciones contra él y su familia eran muchas, entre ellas, las muertes de los empresarios Eduardo Aulet y Emilio Naum, además del asesinato de su amigo Ricardo Manoukian porque, como ya se dijo, todos debían morir. Solo Nélida Bollini de Prado escapó de ese destino, cuando la Policía allanó la casa Puccio para detenerlos y la encontró prisionera en el sótano.

Al principio, todos los amigos y la novia de Alejandro creyeron ciegamente en su inocencia y pidieron por su liberación. Pero el juicio avanzó, las pruebas se hicieron abrumadoras y a todos les tocó aceptar el dolor y el espanto.

Tras arrojarse desde la escalera de Tribunales, Alejandro atravesó horas críticas en las que estuvo en el límite entre la vida y la muerte, pero por algún milagro inentendible se recuperó muy pronto, quizás por intervención divina, para que enfrentara lo que no se sentía capaz de enfrentar.

La caída le dejó convulsiones crónicas como una secuela que lo acompañaría el resto de su vida. Aunque lo habían sentenciado a reclusión perpetua, siempre negó su participación en los hechos.

En 1997, fue excarcelado gracias a la ley del 2×1 pero dos años después volvió tras las rejas. Allí estudió psicología y logró la libertad definitiva a fines de 2007, tras 22 años de cárcel. Tan solo un año después, el 27 de junio de 2008, llegaría su tercera y tan ansiada muerte.

Alejandro Puccio iba a cumplir 50 años cuando falleció de una infección que contrajo en el hospital donde se trataba de sus convulsiones crónicas. Nadie fue a su velorio.

En cuanto a Daniel y Guillermo, nada se sabe de sus vidas actuales. El primero pasó varios años en la cárcel mientras que el segundo logró escapar y por la prescripción de los delitos, ya no puede ser juzgado. En cambio, las mujeres Puccio nunca fueron condenadas.

Arquímides, el autor intelectual de tanta barbarie, sobrevivió a su hijo y cómplice. Tras cumplir una extensa condena, recobró la libertad y trabajó como abogado hasta que la alienación le ganó. Murió en 2013 y tampoco hubo dolientes en su velorio. Su cuerpo, que no fue reclamado por nadie, terminó en una fosa común.

 

Por NP