BUENOS AIRES (ANP).- Los llama “basura”; los elige entre los mejores. La obsesión del presidente estadounidense Donald Trump con la inmigración ilegal alcanza límites increíbles, sobre todo con los del llamado “Tercer mundo”.
En su libro “Réquien para el sueño americano”, el filósofo Noam Chomsky dice que esta idea que rigió la cultura y la sociedad estadounidense “(…) comparte muchos elementos del mito”, ya que en Estados Unidos, según su opinión, se ha socavado la democracia y el poder es controlado por una élite privilegiada.
De todas formas, si algo distinguió a ese país fue la llegada incesante de millones de inmigrantes de distintas partes del mundo, sobre todo de Irlanda, Italia y Alemania, desde donde viajó en 1885 Frederick Trump, abuelo del actual líder republicano.
Acusado innumerables veces de lanzar un discurso anti-inmigrante, desde los tiempos en los que era precandidato presidencial allá por 2015, Trump no defrauda nunca a aquellos que lo critican por su xenofobia.
Por cierto, esta semana, no fue la excepción. Para muestra, basta lo que dijo sobre los inmigrantes de Somalia, un país del llamado Cuerno de África: “No contribuyen en nada. No los quiero en nuestro país. Son basura”, dijo el líder republicano, de 79 años.
Su nuevo objetivo es el estado de Minnesotta, gobernado por el demócrata Tim Walz, quien era el número dos de la ex candidata presidencial Kamala Harris. Según el diario The New York Times, el gobierno federal desplegaría en esa zona del norte del país, en el límite con Canadá, a unos 100 agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE).
De acuerdo a la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, la mitad de los inmigrantes que viven en ese estado hay presentado solicitudes de visas “fraudulentas”.
Noem acusó a Walz de traer ilegalmente a personas que nunca debieron estar en Estados Unidos. Pero, según algunos informes de prensa, la acusación no tiene ningún fundamento, debido a que las visas son expedidas por el gobierno estadounidense, sin ninguna injerencia de los estados.
La semana anterior, Trump suspendió las solicitudes de inmigración de un total de 19 países que la administración republicana considera del “Tercer mundo”, término nacido en la “Guerra Fría” para describir a países con menos desarrollo, pobreza y bajos niveles de vida. Ellos son: Afganistán, Chad, República del Congo, Guinea Ecuatorial, Eritrea, Haití, Irán, Myanmar, Libia, Somalia, Sudán y Yemen, junto con Burundi, Cuba, Laos, Sierra Leona, Togo, Turkmenistán y Venezuela.
La decisión fue tomada luego de un tiroteo en el que murió un miembro de la Guardia Nacional, mientras que otro resultó herido, durante el feriado de Acción de Gracias, el 26 de noviembre.
El agresor fue un afgano llamado Rahmanullah Lakanwal, que había ingresado a EEUU en 2021, cuando gobernaba el ex presidente demócrata Joe Biden. Posteriormente, recibió asiló en abril de este año.
La pausa en los pedidos de inmigración, según Trump, puede facilitar que aquellos que se conviertan en ciudadanos estadounidenses “sean los mejores entre los mejores”. Para el magnate, la ciudadanía es un privilegio, no un derecho.
En junio, el gobierno de Trump prohibió los viajes a Estados Unidos de ciudadanos de doce países, entre ellos Irán. En esta lista está también Haití, clasificado por primera vez para disputar la Copa mundial de fútbol en 2026. Pero el Departamento de Estado informó que no otorgará ninguna excepción especial a los hinchas haitianos para seguir a su equipo nacional.
Trump (2017-2021) está cumpliendo a rajatabla lo que prometió durante la última campaña para ganar su segunda presidencia. Es decir: acabar con una invasión de “extranjeros ilegales y peligrosos criminales” que el magnate vincula con los índices de delincuencia, contradiciendo lo que avalan los estudios sobre el tema.
A fines de julio el ICE ya había deportado a 150.000 personas, de acuerdo a un informe citado por la cadena de noticias estadounidense CNN. También se vieron afectadas las comunidades mexicanas de Chicago y Los Ángeles.
En contra de lo que afirma Trump de que existe una “invasión”, el historiador Irvin Ibarguen señala que la inmigración mexicana a la Unión responde a una invitación formulada en décadas pasadas por el gobierno de Estados Unidos.
En un artículo de la sección “Hecho por la historia” de la revista Time, Ibarguen, que ha estudiado la diáspora de los pueblos latinoamericanos a través del hemisferio occidental, recuerda que dos décadas después del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945, Washington consideraba a los inmigrantes mexicanos como sus “trabajadores predilectos”.
Con respecto al sueño americano, Chomsky dice en su libro, publicado en 2017: “(…) sabemos que ya no es así. En realidad, la movilidad social es menor aquí que en Europa. Pero el sueño persiste, fomentado por la propaganda. Forma parte de cualquier discurso político: ´Votame y traeremos el sueño de vuelta´”.
