BUENOS AIRES (ANP).- En vez de mejorar como en los Acuerdos de Oslo de 1993, la situación política empeora cada día más entre israelíes y palestinos.

Si en las reuniones de la Cumbre de Camp David 2000, bajo la mediación del ex presidente estadounidense, Bill Clinton, las diferencias eran el retorno de los refugiados que huyeron tras la creación de Israel en 1948, así como la creación de la futura capital palestina en Jerusalén Este, hoy se habla de nuevo de la ocupación de Gaza por parte de los israelíes.

Pero de Gaza se retiró en 2005 el ex primer ministro israelí Ariel Sharon.

Parece increíble. Se logra un cese el fuego, o pacto, y todo vuelve a empezar con un ataque de los ultras islámicos o por la instauración de un asentamiento judío en territorios palestinos, pese a que son considerados ilegales por Naciones Unidas.

Sin embargo, esta vez algunas organizaciones de derechos humanos y la relatora de la ONU, Francesca Albanese, no dudan en calificar de “genocidio” lo que está ocurriendo en Gaza (Foto – ONU).

Hoy, más allá de las diferencias políticas, el conflicto está resumido en un hombre: el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

El líder del derechista Likud no dudo en responder con “sangre y fuego” al ataque perpetrado por Hamas el 7 de octubre de 2023 que mató a 1.200 personas y secuestró a otras 251 en el sur israelí, de las cuales se cree que aún están vivas unas veinte personas.

Desde entonces han muerto más de 61.000 palestinos, según informes del Ministerio de Salud de Hamas, que no especifica si son civiles o combatientes.

Pero a pesar de las críticas internacionales, Netanhayu obtuvo cierto prestigio entre los israelíes cuando atacó en junio durante doce días a Irán, en una operación que culminó con el bombardeo de parte de Estados Unidos de las principales centrales atómicas persas.

El líder israelí mató también a varios de los principales líderes militares de Hamas, el grupo proiraní Hezbollah y de Irán.

De acuerdo a una encuesta publicada por el Centro Viterbi de Opinión Pública y Política del Instituto Israelí de Democracia (IDI), el 82 % de los judíos israelíes apoyó los ataques y el momento en que fueron realizados, informó la cadena alemana Deutsche Welle.

Netanyahu, de 75 años, dijo el 7 de agosto de que está dispuesto a ocupar la Franja de Gaza, aunque prometió no anexarla al resto del territorio israelí.

Se cree que el premier israelí, al que la Corte Penal Internacional (CPI) trata de arrestar por supuestos crímenes de guerra o de lesa humanidad en Gaza, podría visitar Argentina en los primeros días septiembre para reunirse con el presidente, Javier Milei, un gran aliado del gobierno israelí.

Como miembro de la CPI, Argentina debería arrestar al primer ministro israelí. También es probable que ignore su detención como ocurrió cuando Netanyahu viajó el 17 de julio a Washington D.C, para reunirse con el presidente estadounidense, Donald Trump.

En cualquier caso, la diferencia entre Milei y Trump es que la Casa Blanca nunca firmó el Estatuto de Roma que dio origen a la CPI.

En una carta abierta, llamada “Oprobio e ignominia”, un grupo de intelectuales e investigadores repudió la invitación formulada por Milei al primer ministro israelí para que visite Argentina.

“No es necesario recordar aquí el extenso prontuario del señor Netanyahu, amenazado con prisión en su propio país si pierde la impunidad que le da el cargo, hoy criminal internacional, responsable de crímenes de guerra, de crímenes contra la humanidad y del posible delito de genocidio”, señalan los firmantes de la misiva, entre ellos la dirigente de derechos humanos Graciela Fernández Meijide.

Por NP