BUENOS AIRES (ANP) La difusión de un resultado financiero superavitario en junio sorprendió hasta a los más férreos defensores de la ortodoxia fiscal del presidente Javier Milei, ya que el efecto estacional del pago de aguinaldos a más de siete millones de jubilados y pensionados suele representar un impacto negativo, incluso para un Gobierno celoso del equilibrio en la materia como el actual.

El superávit primario fue en el sexto mes del año de $790.532,9 millones y el financiero de $551.234,2 millones, una marca para destacar si se tiene en cuenta que el gasto en jubilaciones y pensiones -por el señalado impacto del medio aguinaldo de junio- había trepado casi dos billones de pesos respecto del registrado en mayo.

Pero mayor fue la sorpresa al contrastar ambos resultados de la etapa pagada con la de la devengada, que para el mismo mes arrojaron déficits significativos de $1.019.024 millones en el primario y de nada menos que $2.743,781 millones en el financiero,  según el relevamiento que realizó la Asociación Argentina de Presupuesto y Administración Financiera Pública (ASAP).

Las diferencias en cada caso de $1.809.556,9 millones y $3.295.015,2 millones, respectivamente.

A valores nominales, no se cuenta con antecedentes de diferencia de tal magnitud entre los resultados devengados y pagados en un solo mes. Esa brecha tiene como resultado un incremento o una disminución de la deuda flotante, algo que no debería ser motivo de análisis sesudos si esa diferencia fuese mínima, algo que en rigor ocurre en todas las administraciones públicas del planeta, ya que el Estado no suele ser puntual en el pago de sus compromisos y que, además, muchos gastos de imputan en un mes y se pagan en otro, como parte de la misma práctica administrativa.

Eso no fue lo que sucedió en junio. Por el contrario, el crecimiento de la deuda flotante de mayo a junio fue del 208,87% y trepó a $3.876.629 millones, un lastre que deberá reducirse en los meses venideros y que implica una presión nada desdeñable para el futuro del frente fiscal, ya que es mayor al superávit financiero acumulado en el primer semestre. O, para decirlo en otros términos, la cancelación de toda la deuda flotante llevaría hoy al resultado financiero a una situación deficitaria.

En el caso de la administración argentina, los pagos que suelen postergarse y son el componente principal de la deuda flotante provienen de las transferencias a provincias y universidades, los subsidios y los contratos con proveedores, entre otros.

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Por NP