BUENOS AIRES (ANP).- El asesinato de Ali Jamenei, el líder supremo de Irán que pedía la destrucción de Israel, constituye la apuesta más osada jamás emprendida por Estados Unidos y sus socios israelíes para cambiar el rumbo de Medio Oriente.
Pero un día después de la muerte del clérigo chiita, de 86 años, la situación en el país persa seguía siendo tan incierta como antes del fallecimiento del hombre al que Occidente temía por sus supuestas ambiciones de construir la primera bomba atómica para Teherán.
Y el objetivo del presidente estadounidense, Donald Trump, de lograr un cambio de régimen en ese país gobernado desde 1979 por la Revolución Islámica no está del todo claro, mientras una multitud se reunía el domingo en la plaza de la capital iraní para rendir honores a Jamenei.
La oposición persa sigue enfrascada en viejas luchas internas que la debilitan ante el poder de los ayatollahs para construir una alternativa democrática. Sin embargo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, pidió a los iraníes que se unan para derrocar al régimen.
La muerte de Jamenei, ocurrida el sábado en su búnker tras un bombardeo israelí, fue confirmada más tarde por la televisión estatal de Irán, provocando desolación en una parte de la población que apoya al gobierno teocrático.
Con su habitual ironía, el presidente ruso Vladimir Putin calificó de “asesinato cínico” la muerte del líder religioso y dijo que Jamenei será recordado como “un destacado estadista” que contribuyó a las relaciones entre Moscú y Teherán. Canadá, no obstante, apoyó los ataques y Francia pidió una reunión urgente en la ONU.
Sin solicitar el permiso del Congreso estadounidense para llevar a cabo acciones de guerra, Trump justificó la muerte de Jamenei, acusando a Irán de ser el mayor patrocinador del terrorismo en el mundo.
Por lo demás, la maniobra del líder republicano resulta sumamente arriesgada, pues el magnate corre el riesgo de sufrir un duro revés en las elecciones de medio término que se realizaran en noviembre en Estados Unidos, para elegir parcialmente al Congreso de ese país.
Durante su campaña para llegar a su segunda presidencia (2017-2021), Trump había prometido que la Casa Blanca no volvería a entrar en una guerra.
Por eso, a la hora de votar, muchos estadounidenses recordaran –a favor o en contra- la intervención militar para capturar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, acusado de tráfico de drogas, el pasado 3 de enero; la colaboración estadounidense en el asesinato del principal líder narco de México, Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, el 22 de febrero, y los ataque contra Irán para matar a Jomeini, entre otros hechos relevantes del gobierno de Trump.
A lo largo de casi cuatro décadas Jamenei impulsó la destrucción del Estado de Israel. Además de apoyar al grupo palestino Hamas, al libanés Hezbollah y a los hutíes de Yemén, tenía una postura hostil con varios gobiernos de la región, entre ellos su competencia religiosa, Arabia Saudita.
El líder chiita asumió el poder tras la muerte del fundador de la República Islámica, Ruhollah Jomeini, el 3 junio de 1989.
No hay duda de que Estados Unidos e Israel aprovecharon la crítica situación interna de Irán para llevar a cabo este ataque, dado que Teherán sufre desde enero una serie de manifestaciones antigubernamentales para protestar por el alza del costo de vida y el deterioro de la situación económica del país.
Pero nunca en 47 años de la Revolución Islámica las protestas habían alcanzado tal magnitud, y en consecuencia la represión del régimen teocrático mató a miles de personas.
Según informes de la cadena pública británica BBC, el clérigo chiita no era exactamente un dictador, ya que estaba ubicado en medio de una compleja red de centros de poder en competencia iraní.
Eso sí, el líder religioso podía vetar cualquier asunto de política pública y elegir personalmente a sus candidatos para ocupar cargos en el Estado.
Tras la muerte de Jamenei y de alrededor de 40 militares persas de alta jerarquía, el gobierno designó como jefe del cuerpo de la Guardia Revolucionaria a Ahmad Vahidi, un líder militar acusado de ser uno de los responsables del atentado contra la Mutual Israelita Argentina (AMIA), donde murieron 85 personas el 18 de julio de 1994.
Vahidi, que se encuentra prófugo la justicia argentina, era comandante de la fuerza Quds cuando ocurrió el ataque.
Después de la muerte de Jamenei “se abre una abanico de opciones para el régimen” de los ayatollahs, opinó Zvi Bar´el en un artículo del diario israelí Haaretz.
El analista señala, no obstante, que el ataque conjunto llevado a cabo por Estados Unidos e Israel contra Irán “aún no indica hacia dónde se dirige el presidente Trump”.
