BUENOS AIRE (ANP).- La situación que sufre Bolivia, donde una revuelta exige la renuncia del presidente derechista Rodrigo Paz, demuestra una vez más que no siempre la teoría económica se lleva bien con la pobreza de un país.

“¡Ahora sí, guerra civil!”. Esta consigna, coreada desde hace más de dos semanas por obreros, mineros, maestros y campesinos, resuena como un campanazo por las calles de la Paz y otras ciudades bolivianas, durante la peor crisis que vive el país altiplano en cuatro décadas. En la actualidad existen más de 50 puntos de rutas bloqueadas que comunican con la capital boliviana.

Por eso, la gran pregunta que surge en estos días es por qué este tipo de modelos, que han reducido la inflación y la miseria en otros países, por ejemplo en Israel y el Reino Unido, no siempre son bien recibidos en la mayoría de los países de América Latina. ¿Es acaso la deshumanización de los gobernantes la que provoca este tipo de reacciones?

Con sus imperfecciones, la democracia es el mejor sistema que eligieron los bolivianos, según han reafirmado desde 1982 sus habitantes en varias oportunidades mediante el voto, sobre todo si se recuerda el autoritarismo de los militares que vivió Sudamérica en el siglo pasado.

A pesar de la gravedad de la situación, Paz ha dicho que no piensa renunciar a su cargo, tal como le exige la poderosa Confederación Obrera Boliviana (COB) y el ex presidente Evo Morales (2006-2019).

El mandatario, de 58 años, del partido Demócrata Cristiano, asumió su cargo el 8 de noviembre de 2025, tras ganar un ballotage en octubre con el 54,6% del votos, contra el 45,4% del derechista Jorge Quiroga.

El ex senador de centro derecha llegó a la presidencia tras 20 años de gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS), liderado por Evo Morales (foto) y Luis Arce (2020-2025), con el apoyo de la mayoría indígena de ese país. Según admite el Banco Mundial, estos gobiernos de izquierda redujeron la pobreza en 2006 y 2019.

Pero de acuerdo a una encuesta del Instituto Nacional de Estadística (INE), de 2023, la pobreza alcanza al 36,5% de los bolivianos, mientras la pobreza extrema afecta al 11,9% de la población.

El 11 de mayo, Morales fue declarado en “rebeldía” por la Corte de Sentencia Primera de Tarija, en el sur del país, por no presentarse a declarar en un juicio que se le sigue por supuesta trata de personas.

El ex mandatario exigió un proceso imparcial, legal y apegado a la Constitución y al derecho procesal. “Nadie debe ser condenado por razones políticas con acusaciones falsas”, afirmó en declaraciones a la prensa.

El 18 de diciembre, Paz derogó los subsidios a los combustibles que regían desde hacía más de dos décadas, tras señalar que había asumido la presidencia con un “Estado que fue vaciado desde adentro”, sin reservas y con inflación alta.

Con una población de 12.413.315 personas, el país altiplano tuvo en abril una inflación interanual del 15,05%, contra el 20,96% que había en noviembre cuando Paz asumió la presidencia, de acuerdo a un informe del Banco Central boliviano.

El primero de mayo la COB lanzó un paro nacional que derivó luego en el bloqueo de rutas por todo el país. Pese a ello, Paz sigue defendiendo su política de recorte de gastos y subsidios para estabilizar las finanzas.

¿Debe renunciar Paz a la presidencia?
“No. Absolutamente, no. Si no entramos en una escalada de fragilidad institucional. Tenemos que consolidar los gobiernos democráticos. Paz no debe renunciar. Es un disparate. Por supuesto, esto no significa defender al presidente de Bolivia, sino respetar el modelo constitucional”, dijo Norberto Consani, director del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata.

Para el analista, “la situación no es solamente grave por lo que sucede en Bolivia, sino por la fragilidad institucional que vive América Latina”.
En declaraciones a la agencia Nuevas Palabras, el académico señaló: “Lo que ocurre en Bolivia no pasa solo por ser un gobierno de derecha. Al contrario, si no hacemos las reformas estructurales que se necesitan, esto va a pasar de nuevo con cualquier otro modelo político”.

Consani recordó lo acontecido en Chile durante el gobierno de Sebastián Piñera cuando hubo una serie de protestas causadas por el aumento del subte, que exigieron cambios estructurales y una nueva Constitución. También mencionó el caso de Perú que en los últimos diez años tuvo ocho presidentes, sin que ninguno de ellos pudiera completar su mandato constitucional.

“Es fácil decir que el neoliberalismo tiene la culpa”, dijo Consani. Y luego se preguntó: “¿Y Arce? ¿No fue puesto por Evo Mortales y terminaron matándose entre ellos, después de que el ex líder del MAS acusara a su adversario de aplicar políticas neoliberales?”.

En cuanto a la vigencia del sistema democrático en América Latina, señaló: “Si algo rescatamos de Argentina, tras 40 años de democracia, es la vigencia de la institucionalidad”.

Por NP