Cavallo insiste en cuidarse de los shocks externos

Buenos Aires (ANP – Domingo Cavallo) – La discusión pública sobre la situación económica presta mucha atención al boom exportador (argumento optimista) y al bajo nivel de consumo e inversión (argumento pesimista). En mi opinión hay que prestarle más atención al probable curso de los acontecimientos externos de aquí a la elección del año que viene.

Los dos riesgos externos más importantes a tener en cuenta son la crisis fiscal y financiera que puede desatarse en Estados Unido y Europa y la posible depreciación del Real con una recesión en Brasil, que sumada a la agresividad exportadora china, puede afectar mucho a nuestro sector industrial.

Estas circunstancias externas, sumada a la forma que está tomando la contienda electoral interna, pueden provocar un clima de crisis para cuyo manejo no sea suficiente el optimismo inversor y exportador basado en el RIGI.

Hay quienes argumentan que el cepo cambiario a las empresas y el manejo por el Banco Central del tipo de cambio comercial es necesario para enfrentar estos riesgos. Pero en mi opinión, este tipo de organización monetaria y cambiaria acentúa los riesgos externos porque lleva a que no se acumulen reservas suficientes en el Banco Central y se mantenga demasiado alto el riesgo país y las tasas de interés en pesos.

Es por esta razón que insisto sobre la importancia de que el Banco Central acumule muchas reservas a un ritmo diario preanunciado y a financiarse no con deuda interna sino con emisión monetaria.

Para sus pagos al exterior, el Tesoro tiene que comprar dólares en el mercado y lo debe pagar con sus recursos fiscales, no con emisión. En un momento como éste, que el Banco Central compre dólares con emisión para luego entregárselos al Tesoro sería un error, pero no acumular reservas por temor al aumento de la inflación puede resultar un error más grave.

Las decisiones que adopta un gobierno frente a las crisis siempre conllevan algún tipo de riesgo, pero el arte del buen manejo de crisis es minimizar los riesgos evitando los más peligrosos.

En materia de lucha contra la inflación, el riesgo de una eventual crisis cambiaria futura antes de que se logre la estabilización completa de la economía, es más peligroso que el riesgo de emisión por acumulación de reservas.

Estados Unidos y Europa

En los últimos años las economías de Europa y Estados Unidos sufrieron un deterioro del que no han dado cuenta, suficientemente, los mercados accionarios y de deuda. Los principales shocks desorganizadores de las economías de estos dos grandes espacios económicos, han sido la invasión rusa a Ucrania, la decisión de Trump de echar por la borda el sistema comercial mundial que había sido organizado después de la Segunda Guerra Mundial y de iniciar una guerra con Irán sin adecuada inteligencia. Todo esto, enmarcado en un vertiginoso avance tecnológico chino en áreas en las que Estados Unidos creía tener una ventaja indisputable.

No es de descartar que para 2027, luego de un deterioro fuerte del liderazgo de Trump en Estados Unidos sin que se visualice una alternativa superadora desde el Partido Demócrata y del avance de las ultraderechas en Europa, se precipite en el mundo occidental una crisis fiscal y financiera que provoque estanflación global.

En ese contexto, como en el de un agravamiento de los conflictos bélicos, se escuchan opiniones optimistas en Argentina basadas en nuestra disponibilidad de recursos naturales y en la lejanía geográfica de las zonas de conflicto. Yo creo que este optimismo es peligroso.

Brasil

Brasil, que tiene un endeudamiento público muy elevado y una grieta política interna tan profunda como la nuestra, a pesar de la disponibilidad de recursos naturales muy bien explotados, mucho mejor que lo que hemos hecho nosotros, puede también sufrir un proceso estanflacionario de magnitud, no sólo por su situación política y fiscal interna sino por el efecto agravante de la crisis global, particularmente la relacionada con la competencia china.

 En esta situación crítica y con Estados Unidos y Europa en crisis, no es descartable que Brasil decida acentuar su integración económica con los BRICS, espacio del que nosotros nos hemos auto excluído.

La importancia de nuestra relación con Brasil no debe ser subestimada. Tanto la estabilización como el crecimiento de Argentina y Brasil durante los 90s y la transformación de Brasil durante lo que va del siglo, se beneficiaron de la relación política y económica bilateral.

Desde fines de los 80, cuando ambas economías estaban sufriendo hiperinflación, nos ayudamos mutuamente. Decisiones políticas bilaterales como la terminación de los conflictos derivados del aprovechamiento de las aguas de los ríos compartidos, la decisión conjunta de adherir al tratado de no proliferación de armas nucleares, así como la negociación y puesta en marcha de la implementación del área de libre comercio del Mercosur (entre 1991 y 1995), fueron muy beneficiosas para los dos países.

Entre 1990 y 1994 Brasil, que aún sufría hiperinflación, se benefició de la experiencia argentina de estabilización cuando diseñó el Plan Real. A su vez, nosotros nos beneficiamos mucho del éxito inicial del Plan Real en 1995, cuando lograron desinflación y reactivación vigorosa, como la que nosotros habíamos logrado a partir de 1991. Argentina pudo superar el impacto de la crisis Tequila en 1995 gracias a que Brasil, con su expansión, se transformó en un demandante vigoroso de nuestras exportaciones.

Durante los 2000, Brasil pudo sostener su crecimiento, superando rápidamente la crisis del Real de 1999, porque imitó en materia agropecuaria y energética lo que nosotros habíamos hecho durante los 90s. Lamentablemente Kirchner revirtió las reformas que habían dado gran impulso a la agricultura y la energía (sobre todo con la reintroducción de las retenciones y la reestatización de la electricidad y los hidrocarburos) y por eso hoy estamos muy rezagados con respecto a Brasil.

Sería un crimen que, por diferencias ideológicas, la cooperación y el comercio entre Argentina y Brasil se transformen en antagonismo y trabas políticas y comerciales.

Libertad, apertura y respeto a los derechos de propiedad

No caben dudas que estos principios, que son los de la   Constitución Nacional, son compartidos por la mayor parte de los economistas y políticos que piensan y actúan guiados por el bien común.

Tampoco caben dudas, que las tendencias corporativistas e intervencionistas que se fueron enraizando en nuestra organización económica han desvirtuado estos principios, por lo que el propósito del gobierno del presidente Milei de limpiar a la economía de distorsiones para lograr la libertad y el respeto a los derechos de propiedad en todos los ámbitos y poder integrarla al mundo en forma eficaz, no puede ser menos que apoyada con entusiasmo.

Pero el avance hacia una economía libre, abierta y respetuosa de los derechos de propiedad requiere muchos cambios que no pueden hacerse todos al mismo tiempo, sobre todo porque requieren discusiones legislativas y construcción de consensos que los hagan creíbles y sostenibles.

Una inadecuada secuencia de esos cambios y la falta de apoyos y consensos, pueden llevar a mucha destrucción y muy poca construcción. Y, lo que desde el punto de vista político es aún peor, puede llevar a niveles de insatisfacción social que minen la posibilidad de mantener el rumbo de las reformas y provoquen un retroceso hacia el intervencionismo populista y la inestabilidad macroeconómica.

Si el gobierno sigue manejando la política exterior y la economía como hasta ahora, sin un milímetro de cambios como acaba de decir el ministro Caputo y como viene surgiendo de los discursos del presidente Milei, aquí y en el exterior, sin reconocer los problemas e ignorando incluso evidencias empíricas muy claras, no puede descartarse un traspié en las elecciones del año próximo que signifique un fuerte y costoso retroceso tanto en materia económica como social.

Hay cambios que se pueden producir sin arriesgar los logros en materia de reducción de la inflación.

Acumulación de reservas financiada con emisión monetaria

Si bien no podrían extenderse de inmediato a todos los sectores y tamaños de empresas los tratamientos especiales que el RIGI ofrece a las grandes inversiones en materia impositiva, si es posible extender, sin costo fiscal, los beneficios cambiarios que ese régimen promocional ofrece a las empresas del RIGI. Ellas pueden disponer con entera libertad de las divisas que generan a través de sus exportaciones y no tienen limitaciones para acceder a divisas para sus pagos de cualquier naturaleza al exterior.

Este mismo beneficio se puede extender a todo tipo de empresas y sectores, lo que es fundamental para facilitar la adaptación de las empresas industriales y de servicios a las nuevas circunstancias económicas y para alentar el “emprendedurismo” que siempre se inicia como empresa pequeña para luego conseguir el capital que le permitirá transformarse en una empresa grande y eventualmente, en un unicornio.

Lo único que el gobierno debe hacer es eliminar por completo el cepo cambiario y permitir que se organice un mercado cambiario libre en el que el Banco Central sólo intervenga para comprar reservas y cuando disponga de suficiente poder de fuego, para estabilizar el mercado ante shocks externos que se consideren transitorios.

En este contexto, el Tesoro tendrá que comprar en el mercado, con sus recursos fiscales o con endeudamiento, los dólares que necesita para sus pagos. Al mismo tiempo, el Banco Central debería comprar reservas diariamente a un ritmo preanunciado, por un monto no menor a 15 mil millones de dólares en los próximos doce meses. Esta compra debería ser financiada con emisión monetaria.

El gobierno hasta aquí ha venido diciendo que no quiere hacer esto porque teme que aumente la inflación, pero si se explica bien el sentido de lo que se va a hacer, el efecto inflacionario será mínimo y a poco de andar, será más fácil implementar un plan de estabilización que reduzca drásticamente la inflación con plena reactivación de la economía, como ocurrió en 1991 con el plan de convertibilidad.

El gran beneficio de eliminar el cepo a las empresas y financiar la compra de reservas con emisión monetaria es que ayudará a reducir las tasas de interés, tanto en pesos como en dólares por la disminución del riesgo país y la expansión del crédito bancario en pesos. Será muy bueno si al mismo tiempo se eliminan todos los impuestos que crean una brecha entre la tasa activa y la tasa pasiva del sistema bancario.

Por NP