BUENOS AIRES (ANP).- El obstinado silencio de Javier Milei ante el triunfo del líder socialista brasileño Luiz Inácio «Lula» da Silva, asi como su negativa a disculparse por su desafortunada idea de quemar periodistas en la hoguera, están siendo capitalizados por toda la oposición, y en especial por dos figuras dispuestas a presentarle batalla en 2027.
La primera es el gobernador Axel Kicillof, quien ya confirmó su intención de competir en las presidenciales del año que viene. La resistencia casi infantil de Milei a pronunciarse sobre la victoria electoral de Lula lo dejó aislado incluso de sus aliados derechistas. Todos los mandatarios sudamericanos reconocieron el resultado de la votación, y hasta Donald Trump —a su manera, claro— admitió llevarse bien con el brasileño.
Listo para subrayar esta grave falencia institucional de Milei, el gobernador bonaerense utilizó su cuenta de X para hacer más notorio el comportamiento adolescente del actual presidente. «La mayoría de los países de América Latina, la Unión Europea, las principales potencias del G20 y los BRICS ya felicitaron al mandatario brasileño. Milei parece esperar la bendición de Trump para expedirse», arrancó Kicillof.
Luego de recordar que los insultos previos a Lula ya costaron el retiro del embajador brasileño y la degradación del vínculo con el país vecino «por primera vez en 200 años», el silencio de ahora de Milei y «su irresponsabilidad también pone en juego el destino de empresas y trabajadores que dependen del comercio con Brasil», apuntó Kicillof.
«Desde el gobierno de la Provincia de Buenos Aires le exigimos a Milei que esté a la altura de su investidura, reconozca el resultado de las urnas y ofrezca las debidas disculpas al presidente Lula por agravios que no representan el sentir ni los valores del pueblo argentino», señaló el gobernador. Y si hasta un ultra K del pasado como supo ser Kicillof apela a la cordura, entonces hay un problema.
La otra figura que puede sacar aún más ventaja de los errores políticos de Milei es la senadora Patricia Bullrich, que cada vez toma más distancia del presidente. Lejos de dejarse amedrentar como le ocurre al resto de los miembros del Gabinete, la exCambiemos no deja de marcar su disgusto con los exabruptos de Milei. El último capítulo —su famoso llamado a quemar periodistas que investigaron el caso $Libra— parece haber sido el límite de lo que ella está dispuesta a pasar por alto.
Por estas horas, la pregunta de muchos es por qué Milei y su entorno siguen sin confrontar a Bullrich, que dijo claramente que con la última amenaza a periodistas el presidente cruzó un límite, y que además se dio el lujo de pegar un poco sutil faltazo a la reunión de Gabinete del día después del triunfo de Lula.
Pero para muchos otros, no es un secreto que el gobierno está evitando dar a Bullrich la oportunidad de enojarse públicamente por la violencia del presidente y cortarse sola. De ahí a su postulación para el año que viene habría un corto paso, dependiendo de lo que digan las encuestas sobre su imagen y de la evolución de la microeconomía.
En suma, lo que hasta ahora la oposición no había logrado —encontrar un rumbo claro para restar posibilidades de reelección a Milei— lo está haciendo el propio presidente: dar argumentos sólidos para que el electorado, si la economía no despega verdaderamente, busque otra alternativa de dirigencia. Una comprometida con el orden fiscal, pero no al punto de ahogar a la clase trabajadora y a las pymes mientras envía a los disidentes a la hoguera.
