BUENOS AIRES (ANP).- La experiencia y la honestidad de Lula fueron suficientes para derrotar al hijo mayor de un ex mandatario golpista que quiso imitar el estilo rabioso de Donald Trump y de Javier Milei.
Fue tal vez durante el último debate de la TV Globo, realizado el pasado viernes con miras al ballotage, en el que Flávio Bolsonaro se burló de un defecto físico de Luiz Inácio Lula da Silva (perdió un dedo en su juventud mientras trabajaba de tornero) cuando empezó a cambiar el destino de Brasil.
Probablemente una gran mayoría de brasileños no perdonaron esta ofensa lanzada contra el líder del Partido de los Trabajadores (PT), que ya había ganado tres veces la presidencia (2003 y 2010, y 2023) de uno de los diez países más industrializados del mundo.
Acorralado por la veteranía de Lula durante el debate, el senador ultraderechista llamó “nueve dedos” a uno de los líderes más respetados de América Latina en este cuarto de siglo, copiando quizá el estilo de los dos líderes que más respaldo tienen en los sectores conservadores del continente: el presidente estadounidense Trump y su colega argentino Milei.
El mandatario (que mañana cumplirá 81 años) rechazó la ofensa de Flávio diciendo: “No voy a permitir que un miliciano que nunca trabajó en su vida me insulte”. Pero Bolsonaro, de 45 años, negó que haya participado en algún grupo paramilitar de Brasil. Y aunque que el senador se disculpó por su ofensa, ya era tarde para enmendar un error que le había costado muy caro.
Probablemente en esos segundos mágicos los brasileños recordaron que el desafiante postulante era uno de los cinco hijos del ex presidente Jair Bolsonaro (2019-202, condenado a 27 años de cárcel y tres meses de prisión por orquestar un golpe contra Lula tras su triunfo en las elecciones presidenciales de 2022.
De todos modos, Lula venció a Bolsonaro por 51,74% contra 48,76%, una diferencia de 4,4 millones de votos, suficientes para iniciar el 5 de enero de 2027 su cuarta presidencia.

Bolsonaro, por su parte, no felicitó al presidente brasileño por su triunfo y anunció que apelara el resultado ante la justicia. Lula, no obstante, deberá gobernar Brasil con un Congreso y las principales gobernaciones del país en su contra.
“Utilizaremos a nuestro equipo legal y solicitaremos la anulación de estas elecciones. No aceptaré que las reglas del juego hayan cambiado arbitrariamente, una vez más, por los amigos de Lula en el Tribunal Supremo Federal”, dijo Bolsonaro (foto) en un discurso.
El mandatario de izquierda prometió hacer el mejor mandato de la historia de Brasil. Aupado por sus partidarios, reiteró que Brasil “no acepta ser el patio trasero de nadie” refiriéndose a la nueva Doctrina Monroe impulsada por Trump.
Para Gustavo Alejandro Cardozo, que se encuentra en Honduras, la victoria de un candidato que había perdido en la primera vuelta por 47% a 45% de los votos y luego ganó el ballotage “nunca había acontecido en la historia electoral de Brasil desde el regreso a la democracia en 1985, lo que genera muchos más interrogantes que certezas”.
“El país sigue dividido, por mitades casi nítidas: nordeste y los sectores populares con Lula; el sur y el interior y los evangélicos con Flávio”, dijo Cardozo en declaraciones a la agencia Nueva Palabras.
El analista señaló que “el mismo electorado que reeligió a Lula le había dado antes al PL (Partido Liberal) las bancadas en la Cámara de Diputados y el Senado”.
El investigador especializado en las relaciones con China y América Latina opinó que la elección “deja un conflicto institucional abierto, porque Flávio no reconoce el resultado” y señaló que tampoco se explica cómo “el Tribunal Federal Superior extendió la votación hasta las 19 horas (los comicios debían cerrar a las 17) a pedido de los sectores lulistas”.
El juez Cristiano Zanin ordenó prolongar los comicios ante los inconvenientes registrados en el transporte que debían llevar a los votantes. Pero Bolsonaro dijo que la aplicación de esta medida habría perjudicado la igualdad de condiciones entre los electores.
Para Cardozo, Brasil “eligió continuidad en el Ejecutivo y giró a la derecha en el Legislativo, lo que establece un escenario prácticamente sin gobernabilidad”
Brasil “no solamente tiene ahora un conflicto interno, sino que en materia de política exterior expone en la transparencia del sistema electoral y en la continuidad de Lula un escenario como de corrupción, o de que el gobierno del PT se está enquistando en el poder, porque los números realmente no le daban bien, y estas alteraciones en los comicios no han dejado muy bien parado al proceso que el país venía desarrollando en los últimos años”, opinó.
La victoria de Lula tiene también un sabor especial para América Latina, gobernada en su mayoría por gobiernos de derecha y de ultraderecha, salvo en México y en Uruguay, entre otros países. Trump, por otra parte, ha buscado siempre que Brasil se aleje comercialmente de China.

