BUENOS AIRES (ANP).- Si bien es mañana el verdadero aniversario del ataque terrorista a la mutual israelita AMIA ocurrido en Buenos Aires en 1994, este viernes tuvo lugar la ceremonia anual recordatoria de uno de los capítulos más dolorosos de la historia argentina, cuando una bomba que estalló en la sede de Pasteur 633 se cobró 85 víctimas fatales. O quizás 86, si se cuenta al fiscal Alberto Nisman, asesinado más de 20 años después en medio de su investigación del caso.
Esta mañana, el presidente Javier Milei se hizo presente en el acto recordatorio que cada año realiza la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), esta vez bajo el lema «Hoy no podemos perder la memoria», donde escuchó emocionado y en silencio el contundente pedido que expresó el presidente de esa institución, Osvaldo Armoza.
El dirigente no sólo reclamó al gobierno que se refuerce la seguridad en la Triple Frontera para prevenir nuevos golpes terroristas sino que también se dirigió a los jueces a cargo del caso —entre ellos el magistrado Diego Barroetaveña, que se encontraba presente— al subrayar que no es posible «seguir atrapados en laberintos burocráticos ni en debates estériles», a la vez que les pidió celeridad para avanzar en el juicio en ausencia.
Pero aunque suene cruel, es innegable la mella inevitable del paso del tiempo en la memoria colectiva. La voladura de la AMIA conmocionó al país hace más de tres décadas y continuó siendo una herida sin cicatrizar. Para quienes perdieron seres amados, para los que estuvieron cerca de la zona del desastre, para los rescatistas y personal médico que trabajó en medio de la locura, sin duda ni un día ha pasado desde entonces.

Sin embargo, la impunidad extendida por 32 inviernos aleja cada vez más la esperanza, aunque los que sobreviven a los 85 muertos de la AMIA no la pierdan. Claramente, en este 2026 las nuevas generaciones solo saben de aquella masacre por relatos lejanos y hoy están más atentos al partido del domingo que enfrentará a la Argentina de Lionel Messi con el conjunto español que a las deudas del pasado. Los tiempos de la Justicia son lentos, pero la vida humana pasa rápido y probablemente muchos familiares no llegarán a ver una condena ejemplar.
Una mañana fatídica
El lunes 18 de julio de 1994 empezó como cualquier lunes de aquella época, en la que escaseaban los celulares y no existían las redes sociales. Algunos comentaban sin demasiado interés el resultado de la final del Mundial ’94 disputado en EE.UU., en el que Brasil venció a Italia en la tanda de penales. Argentina había quedado golpeada por la expulsión de Diego Maradona tras dar positivo en un control antidopaje.
Era una mañana agradable de invierno, el centro de la ciudad estaba repleto y el tránsito era la pesadilla habitual porque faltaban casi 20 años para la llegada del Metrobus porteño y porque ni por asomo se evaluaba el teletrabajo dos o tres veces por semana, opción que hoy incorporamos a la fuerza debido a la pandemia.
El coche bomba estalló a las 9.53 de aquella mañana en la puerta de la AMIA desatando una ola de choque que quienes trabajaban en el área de Once sintieron, en menor o mayor medida. El resto, se fue enterando en el transcurso de la mañana y, aunque el golpe fue brutal, los argentinos ya no estaban anonadados ante la cara del terrorismo: apenas dos años antes la habían visto en la Embajada de Israel en Buenos Aires, donde murieron 22 personas y más de 240 resultaron heridas.
El histórico edificio de la mutual quedó totalmente destruido y debió levantarse uno nuevo, en cuya fachada hoy pueden leerse los nombres de las víctimas. Tras incontables idas y venidas de la Justicia, se estableció que el ataque fue planificado y ejecutado por el gobierno de Irán junto con la organización terrorista Hezbollah.
El camino para llegar a un fallo fue largo. A lo largo de los años se sucedieron detenidos posteriormente liberados, acusaciones de encubrimiento contra los expresidentes Carlos Menem (†) y Cristina Kirchner, destitución de fiscales y jueces —los jueces Juan José Galeano y Claudio Bonadío (†)— y miles de artículos periodísticos, peritajes e informes sobre irregularidades en la investigación y sobre Carlos Telleldin, acusado de facilitar el vehículo utilizado como coche bomba.
La historia de la investigación es interminable. En 2004, el presidente Néstor Kirchner creó una fiscalía especial para el caso AMIA a cargo de Nisman, mientras que Rodolfo Canicoba Corral se convertía en el nuevo juez a cargo. Él ordenó la captura de los siete exfuncionarios iraníes y de un miembro de Hezbolá pero nunca se concretó extradición alguna.
En 2013, el Congreso ratificó el polémico memorándum de entendimiento Argentina-Irán para destrabar la causa, pero que terminó desatando la denuncia del fiscal Nisman contra Cristina Kirchner y el excanciller Héctor Timerman (†) por entender que el acuerdo era, en realidad, una maniobra para encubrirlo todo.
El lunes 18 de enero de 2015, horas antes presentarse en el Congreso para mostrar las pruebas que aseguraba tener para probar el complot, Nisman fue encontrado muerto de un disparo en la cabeza en su departamento de Puerto Madero, sin que nadie pudiera explicar qué hacían los custodios y por qué no funcionaban las cámaras de seguridad, entre decenas de otras anomalías.
Finalmente, en febrero de 2019 se dictó sentencia y fueron condenados por encubrimiento y corrupción el exjuez Galeano, el exjefe de los servicios de inteligencia Hugo Anzorreguy, el ya célebre Telleldin y otros funcionarios, mientras que Menem fue absuelto. De todas formas, Telleldín también sería liberado de toda culpa en 2020, quedando todo prácticamente en la nada misma. En abril de 2024, poco antes de cumplirse el 30º aniversario, la Justicia argentina confirmaba que el gobierno de Irán había sido el autor intelectual del atentado.
Pasaron 32 años desde la explosión que destrozó a 85 familias y marcó a todo país, iniciando una historia que se encamina a cerrar con muchas certezas pero sin ningún responsable tras las rejas.
