BUENOS AIRES (ANP).- El control de una parte de Ucrania es una obsesión para Vladimir Putin. Aun así, cuatro años después de la invasión de Kiev, los casi dos millones de muertos entre soldados rusos y ucranianos no justifican una contienda bélica que nadie puede detener en el campo de batalla.
Los caídos hablan por sí solos. La invasión rusa del segundo país más grande Europa no fue lo que el presidente ruso esperaba en los planes previos, debido a la simpatía que podían expresar algunas regiones ucranianas por su pasado como ex república soviética; ni mucho menos.
Desde hace cuatro años, cada vez que le preguntan por la guerra, el líder del Kremlin dice que Moscú no puede aceptar que Kiev pertenezca la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), porque considera a la Alianza Atlántica como una amenaza para la supervivencia misma de Rusia.
Pero contrariamente a lo planificado por Moscú, la guerra ha provocado el rearme de Alemania y de otros países que se mantenían neutrales como Finlandia y Suecia, con el fin de repeler una posible agresión .
Pese a que la guerra se encuentra en una meseta, según los expertos militares, el Kremlin continúa con su ofensiva en la región del Dombass (Lugansk y Donetsk), en el este ucraniano, que Moscú ocupa en un 88%, rica en carbón y hierro, entre otros minerales.
Se estima que desde la invasión, llevada a cabo el 24 de febrero de 2022, Moscú controla el 1,5% del territorio de Kiev, según informes citados por el diario El País, de Madrid.
A mediados de febrero, finalizaron sin resultados las conversaciones trilaterales llevadas a cabo en Ginebra entre representantes de Estados Unidos, Rusia y Ucrania, tendientes a lograr una paz negociada.
Los temas más sensibles son el futuro de los territorios ucranianos ocupados por los rusos en el este del país y el estatus de la central nuclear de Zaporiyia, bajo control de Rusia, de acuerdo al presidente ucraniano Volodimir Zelenski.
Asimismo, dos rondas de negociaciones anteriores tampoco pudieron llegar a un acuerdo sobre el territorio en disputa.
La guerra de Ucrania es la contienda bélica más larga y más sangrienta que ha emprendido Putin, de 73 años, desde que gobierna Rusia hace un cuarto de siglo.
Según estimaciones del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS), con sede en Washington, Rusia tuvo hasta ahora 1,2 millones de muertos en Ucrania.
Putin, no obstante, insiste en que algún día esa parte de Ucrania volverá a ser de Rusia.
Kiev, por su parte, registró más de 600.000 soldados fallecidos, o que han resultado heridos o desaparecidos, según el CSIS, citado por la prensa. Sin embargo, ni Moscú ni Kiev brindan cifras exactas de las hostilidades.
El presidente estadounidense, Donald Trump, (foto) dijo antes de asumir su segunda presidencia, el 20 de enero de 2025, que iba a acabar con la guerra de la noche a la mañana. Pero hasta ahora no ha podido cumplir con ese objetivo.
Es más, el 20 de febrero, la Casa Blanca anunció más sanciones económicas contra Moscú, ya que según Washington la invasión de Ucrania “sigue representando una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y los intereses de la política exterior de Estados Unidos”, se informó en un comunicado.
Cuando la guerra ha entrado en su quinto año de duración, la economía rusa afronta una serie de dificultades difíciles de revertir sin otra crisis, asegura la revista británica The Economist.
Entre otras consideraciones, la publicación señala que solo creció el 1% en 2025; también menciona que las previsiones para este año son peores.
“Occidente espera que la economía rusa colapse. No ocurrirá; pero tampoco se recuperará”, ya que ha entrado en la zona de la muerte, dice este semanario, de opinión conservadora.
No obstante, Putin insiste en que algún día esa parte de Ucrania (que él reclama apasionadamente) volverá a ser controlada por Rusia. “Los objetivos de la operación especial se lograrán, sin ninguna duda”, repite con su habitual seguridad.
