Buenos Aires – El ministro de Economía, Luis Caputo, está tratando de evitar que el dique ceda con todas las herramientas que puede, pero las soluciones que viene inventando para llegar a las elecciones del 26 de octubre cada vez rinden menos, apenas cuestión de horas. Anuncian ya un viaje a Estados Unidos para ver a Scott Bessent, el secretario de Tesoro.

Y es que el problema de Argentina, en todo caso, no es visto por la city como falta de liquidez momentánea, algo que se resuelve con un financiamiento de corto, sino que todavía persiste la idea de que el país es insolvente.

Y ello no es producto de la actividad de la oposición, sino de defecto del propio programa económico de Luis Caputo, quien ha convencido al presidente Javier Milei que para recuperar la credibilidad del país no es necesario comprar dólares para las reservas.

En 2024, luego de conseguir u$s20.000 millones a través del blanqueo, el gobierno se quedó sin nafta. En diciembre bajó retenciones de forma parcial para incentivar la liquidación del campo y no tuvo éxito, porque al haber retrasado el tipo de cambio, el campo se guardó los granos a la espera de que hubiera una devaluación.

Para evitar la devaluación, en abril acordó con el FMI otros u$s20.000 millones y lanzó las bandas de flotación. Y al final se quedó sin nafta de nuevo. El mercado sigue percibiendo que el tipo de cambio es bajo y que hay que devaluar.
Entonces salieron a pedirle ayuda al gobierno de Estados Unidos y solo con palabras y promesas de otros u$s20.000 millones trataron de contener una vez mas al dólar que trata de despegarse. Ahora la devaluación se espera para despues de las elecciones.

“Salvatajes, blanqueos, baja de retenciones transitorias, mesas de diálogo, viajes, fotos, tuits… Todos anabólicos que esconden fragilidades y se vuelven, en casos de abuso, progresivamente inefectivos”, advirtió el economista Luis Secco. 

Secco señaló: “no importa el resultado electoral ni la forma y el monto de la ayuda norteamericana. Hace falta y seguirá haciendo falta un nuevo programa”.

Secco agregó: “la concreción de otro salvataje externo no puede ser un fin en sí mismo. Sirve para comprar tiempo, para armar un nuevo programa. Pero no corrige las fragilidades del actual. Después de tantos episodios similares deberíamos tenerlo bien claro”.

En ese sentido, el economista Diego Giacomini, señaló por su lado que “los malos planes económicos con equipos económicos que no ven la realidad y no quieren cambiar el plan, hay que dejar que la realidad se termine imponiendo; y cuántos antes, mejor; porque ningún salvataje es gratis. Lo pagan todos, se benefician cinco”..

El consultor de opinión Lucas Romero advirtió que “la urgencia del equipo económico por rascarle buenas noticias a Scott Bessent ya transmite desesperación”. “Pero además el problema de la economía ya dejó de ser de plata, y es de votos”, concluyó.