BUENOS AIRES (ANP).- El capitán de la Selección Argentina volvió a encender hoy todas las alarmas, como lo hizo allá por 2016 cuando perdió otra final de la Copa América ante Chile y por penales. Aquella vez declaró con los ojos enrojecidos por las lágrimas que después de varios intentos fallidos en ese certamen y con el sabor amargo que le había dejado el subcampeonato del Mundial 2014, entendía que debía resignar su sueño.
Esa vez, todos tuvimos la firme esperanza de que solo hablaba desde la amargura, que su espíritu indómito lo llevaría a reflexionar y volver a vestir la albiceleste. No nos equivocamos. Pasado el mal trago, Leo Messi volvió recargado y no solo ganó la siguiente Copa América sino que se hizo con otra más y hasta levantó el máximo trofeo en el Mundial Qatar 2022.
Pero su carta de despedida para su papá publicada hoy en Instagram se ve y se siente totalmente diferente, con un temible sabor a despedida. En su emotiva declaración para Jorge Messi, fallecido el sábado pasado a los 68 años, Leo expresó su dolor de un modo directo y visceral, y admitió que físicamente se desgastó al máximo en el último mundial para cumplir el sueño de su padre de verlo ganar otra Copa.
También reconoce que, a diferencia de lo que ocurría desde que tiene memoria, esta vez sintió el peligro cuando vio que no le llegaban los habituales mensajes de su padre después de cada partido, lo que era una inequívoca y terrible luz de alarma. Ahora, después de enterrar a don Jorge y regresar a Miami, el líder de la Selección escribió: «No se qué voy a hacer sin vos, no se cómo seguir. Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo bastantes dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más».
Por supuesto, puede ser que esta fuerte definición provenga de una herida recién abierta y que el tiempo le permita volver a competir para el país en 2028, cuando se celebrará una nueva Copa América. Es lógico que el golpe reciente condiciona ahora todos sus pensamientos porque no importa la edad que tengamos: la sensación cuando se nos muere el padre o la madre es siempre de un desamparo absoluto.
Sin embargo, a nadie escapa que esta vez sí se trate del final. En el caso de Leo Messi, la orfandad se agrava porque no solo perdió a su papá sino que además se quedó sin su guía, su manager, su administrador y confidente, su hombre de confianza y eterno ángel protector. Para alguien que siempre se dedicó solo al juego dejando asuntos millonarios bajo la completa responsabilidad del ser en quien más confiaba, la ausencia acrecienta la desorientación.
Leo Messi se enfrenta por primera vez a la realidad de que ahora, más allá del apoyo de su familia, administradores y abogados, está por su cuenta. Por primera vez, la cabeza del clan es él, un papel que nunca pensó que le caería, o por lo menos no tan temprano.
A este escenario difícil se le suma el implacable reloj biológico que nos enfrenta a todos con el declive físico. Para el común de la gente, ese cruel click llega recién pasando los 50 años pero a las personas que viven del deporte o que dependen de la belleza física les significa una suerte de jubilación cuando aún tienen décadas activas por delante.
Es claro que, fuerte como es, Leo se levantará y emprenderá otras actividades una vez que se retire, que suponemos tendrán que ver con su amada pelota. Será entrenador, será empresario de algún club, incluso un dirigente vinculado al mundo futbolístico, es algo que no podemos adivinar. Lo que sí sabemos es que se repondrá y continuaremos viendo su vida.
Lo que ahora sí está bajo riesgo y envuelto en una gran incógnita es si volverá a la Selección. Hemos tenido el privilegio de ser contemporáneos y haber sigo testigos de su arrollador inicio como futbolista, de su estupenda carrera y sus enormes logros con la albiceleste, y eso debería bastarnos pero todos queremos más, esperamos con ilusión un ratito más de su magia.
Pero el universo tiene sus propios planes, y hoy nadie —ni siquiera Leo Messi— sabe cuáles son. A sus 39 años, aún cuando fue la figura determinante de su equipo y un condicionante poderosísimo para los rivales, el 10 se enfrenta por primera vez a la decisión de seguir o no vistiendo la camiseta de sus amores, pero ahora sin escuchar el consejo de su guía de siempre, el mismo que lo llevó de la mano durante todo su camino al estrellato hasta que el sábado, como es ley de la vida, debió soltarlo.
La carta completa
“Pa, todavía no puedo creer que te hayas ido. No caigo, o mejor dicho, no quiero caer. Se me hace muy difícil imaginarme que ya no te voy a ver más, que no vamos a hablar más. Sé que estabas sufriendo y que es lo mejor, pero te fuiste muy pronto. Todavía nos quedaba mucho por disfrutar juntos.
Tanto me pedías que juegue el último Mundial y días antes de empezar fue cuando peor te pusiste. Era la primera vez que no ibas a estar en un torneo, pero mamá me decía que ibas a estar mejor y que ibas a estar bien para poder viajar. Yo te decía que íbamos a llegar a la final así podías viajar.
Cada vez que terminaba un partido, esperaba y extrañaba tu mensaje. Ahí me di cuenta de que la situación era fea de verdad. Así y todo, no dejaba de pensar en llegar lo más lejos posible, para darte tiempo y que vieras un partido, llegamos a la final y no pudiste estar. Quería ganarla para llevártela y mostrarte una nueva. No pude, las piernas no me daban más. Esta vez intenté ir contra mi físico, pero no pude. Nunca pude sentirme bien.
Cuando llegué creías que habíamos perdido la final por penales. No pudimos hablar de nada de todo lo que pasó. No pudiste disfrutar nada. No fuimos campeones, pero no sabés cómo disfrutamos cada partido. Una vez más, tenías razón: tenía que estar y jugarlo.
Te cuento esto porque fue lo único que no pudimos hablar, porque todo lo demás ya lo sabés. Hablábamos todos los días y nos veíamos cuando se podía por mis compromisos.
No sé qué voy a hacer sin vos, no sé cómo seguir. Yo solo jugaba al fútbol y ahora tengo bastantes dudas de que vaya a seguir haciéndolo por mucho tiempo más. Estuviste al lado mío desde el principio, faltaba tan poquito para el final. ¿Por qué no aguantaste ese poquito más y terminábamos juntos?
Sé que tu felicidad era ver bien a tu familia, a tu mujer, a tus hijos y, sobre todo, sin que se enteren los otros, verme jugar a mí…
Desde chiquito siempre fue así. Me llevabas a todos los entrenamientos apenas llegabas a trabajar. A muchos me llevaba mamá porque vos estabas trabajando.
Obviamente, a los partidos no faltabas a uno. Cómo sufrías viéndome y cómo disfrutabas, aunque nunca me regalabas muchos elogios.
Fuiste papá, amigo y representante. Siempre eras la persona que tenías que ser en cada momento y nunca te equivocaste en nada. Más allá de algunos reproches o peleas, siempre tenías razón. Al final se terminaba dando como vos decías.
Te voy a extrañar mucho, pero siempre vas a estar presente, y sobre todo en la educación de mis hijos, porque les enseñó y los educo como ustedes lo hicieron conmigo.
Descansá en paz y cuidanos desde arriba como lo hacías acá. Gracias por todo.
Te amo, pa».
