BUENOS AIRES (ANP).- Daniel Ortega no es un apasionado de la democracia. La suspensión de las elecciones de noviembre de 2027, para evitar que sean “manipuladas” por Estados Unidos, agrava el aislamiento de Nicaragua del resto de América Latina.

Actualmente, el ex guerrillero de 80 años parece inclinarse por el modelo de partido único que rige en Cuba, Corea del Norte o China. Sus ideas políticas están más cerca de Fidel Castro que del sudafricano Nelson Mandela.

Tras el derrocamiento del dictador Anastasio Somoza Debayle, el 19 de julio de 1979, Ortega gobernó Nicaragua hasta que en 1990 perdió las elecciones a manos de Violeta Barrios de Chamorro, esposa del periodista Pedro Joaquín Chamorro, asesinado un año antes de que ganara la revolución sandinista.

“Aquí se acabó la historia de que los partidos puestos por los yanquis, puestos por los somocistas, volverán a llegar al Gobierno. Jamás, jamás, jamás… Por mucha plata que le den los yanquis (a los partidos políticos), no podrán, no podrán”, dijo Ortega al cumplirse el 47ª aniversario de aquella gesta guerrillera.

Félix Madariaga, un ex candidato presidencial que vive exiliado en Estados Unidos dijo al diario The New York Times que, con estas declaraciones, “por fin se le cayó la verdadera máscara” al líder nicaragüense.

Ortega volvió a la presidencia tras ganar las elecciones de 2006, y desde entonces fue reelegido en 2011, 2016 y 2021, ante una oposición nicaragüense que se mostró fragmentada.

En 2021, los principales pre-candidatos presidenciales con posibilidades de disputarles el poder fueron encarcelados por el gobierno, y después el oficialismo se adjudicó el 75,92% de los votos.

Las elecciones generales de 2026 debían realizarse a fines de este año, pero el presidente nicaragüense lideró una reforma constitucional que aplazó los comicios hasta 2027.

Washington no tardó en responderle. El secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio le advirtió que la Casa Blanca y la comunidad internacional “no se quedaran de brazos cruzados” ante la decisión del jefe de Estado nicaragüense de suspender dichos comicios.

Para algunos analistas, la presidencia de Ortega se ha caracterizado por emprender reformas sociales en materia de salud y educación, en medio de una serie de medidas represivas contra la oposición de ese país.

Según un informe de la organización Amnistía Internacional (AI), con sede en Londres, el ex guerrillero consolidó un sistema represivo junto a su esposa, la co-presidenta y poeta Rosario Murillo (foto).

Según AI, el gobierno sandinista se distingue por “las detenciones arbitrarias y las desapariciones forzadas de personas disidentes, así como las limitaciones severas a la libertad de expresión y religión”.

En 2018, por lo menos 325 personas murieron durante una serie de protestas masivas para exigir la salida del poder de Ortega, según informes de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, citada por algunos medios de prensa.

Un grupo de expertos de la ONU consideró en mayo 2025 como crímenes de lesa humanidad la persecución religiosa en Nicaragua, sobre todo de católicos, tras el arresto de 70 personas entre abril de 2018 y marzo de 2024.

Por ese motivo, y otras acusaciones de represión, el gobierno de Ortega se retiró luego del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

También abandonó la Organización de Estados Americanos (OEA), a mediados de noviembre de 2023, por la supuesta injerencia extranjera en las elecciones de 2021.

En 2025, Ortega modificó la Constitución para que su esposa se convirtiera en co-presidenta. La reforma incrementó el periodo presidencial, de cinco a seis años, tras ser aprobada por la Asamblea Nacional, controlada mayoritariamente por el sandinismo.

Según la organización Human Rights Watch (HRW), esta situación profundizó “la deriva autoritaria” de Ortega y Murillo.

El gobierno “concentró aún más el poder en el Ejecutivo, mientras las autoridades continuaron con la persecución sistemática de críticos y opositores mediante detenciones y procesos arbitrarios, desapariciones forzadas y exílios forzados, así como la privación arbitraria de la nacionalidad y confiscación de bienes”, señaló en un informe HRW.

El presidente nicaragüense desea que cuando muera, o se aleje por algún motivo del poder, su esposa, de 75 años, tome las riendas del país centroamericano.

Pero si ella no asume eventualmente la presidencia, en su lugar podría hacerlo Laureano Facundo Ortega Murillo, de 41 años, uno de sus nueve hijos que actúa en la vida política.

Lo paradójico de toda esta historia es que el gobierno sandinista se parece cada vez más a la dictadura de Somoza, el despiadado autócrata que derrocó Ortega hace 47 años junto a otros ocho comandantes guerrilleros.

Por NP