BUENOS AIRES (ANP).- La euforia desatada por la ultraderecha tras ganar varias elecciones en América Latina va camino a desvanecerse en Chile, donde el presidente José Antonio Kast no pudo hasta ahora reducir el desempleo ni reactivar la otrora pujante economía chilena.
La gestión del mandatario, iniciada en marzo, no solo es criticada por la oposición, sino también por algunos votantes de la derecha que rechazaban las políticas estatistas del ex presidente de izquierda Gabriel Boric (2022-2026).
De acuerdo a las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI) para 2026, el Producto Bruto Interno de Chile crecerá el 0,6%, (aunque se prevé un alza del 2,6% para 2027), mientras la inflación será del 3,7% y habrá un desempleo promedio del 9,5%, frente al 8,6% de 2025.
Según una encuesta de Criteria, una consultora de opinión pública y de estudios chilenos, el nivel de aprobación de Kast es del 27%, en tanto la desaprobación alcanza el 64%.
Por otra parte, un 82% estima que el gobierno ha estado por debajo de las expectativas que lo llevaron a ganar la presidencia en la segunda vuelta con el 58,6% de los votos, la más alta votación desde el retorno a la democracia en 1990.
Una de sus principales banderas fue meter «mano dura» contra la delincuencia. También prometió combatir la inmigración ilegal.
Algunos analistas consideran que el presidente chileno está pagando caro el precio de no haber construido un gobierno de coalición, como el de la Concertación de Partidos por la Democracia, integrado entre otros por el Partido Demócrata Cristiano, el Partido por la Democracia y los socialdemócratas, que gobernó Chile entre 1990 y 2010.
A esto se suma también un gabinete integrado por ministros inexpertos, que no son conscientes del costo de recortar los programas sociales, y el nombramiento de funcionarios cuestionados, según informes de la cadena pública alemana Deutsche Welle. Kast, de 60 años, es hijo de un militante del partido nazi alemán.
Su victoria en Chile se sumó a una ola ultraderechista generada por los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, el salvadoreño Nahib Bukele y el argentino, Javier Milei, que hasta el momento ha triunfado también en Bolivia, Colombia, Ecuador, Paraguay y Perú. 
Si bien en 2025 Argentina tuvo un crecimiento del 4,4% del PBI, según el FMI, el organismo financiero multinacional bajó las proyecciones para este año en ese país sudamericano a un 2,1%.
De todas formas, Milei no ha logrado reactivar la industria ni el consumo, tras el cierre de más de 32.290 empresas (un 6% del total), según informes de la Superintendencia de los Registros del Trabajo.
A esta altura de la política latinoamericana, comparar a Kast con Milei y Trump, resulta inevitable para entender la realidad de estos tiempos de la derecha y la ultraderecha.
Sin embargo, mientras Trump protege a la economía estadounidense, aplicando elevados aranceles a la importación, tanto el presidente argentino como su colega chileno quieren reducir (o destruir) los beneficios del Estado.
“Kast tiene puntos de contacto con Milei, Trump y Bukele, sobre todo con estos dos últimos en cuestiones anti-inmigratorias. No son figuras políticas exactamente iguales”, dijo el analista Juan Alberto Rial.
El profesor adjunto en Derecho internacional Público de la Universidad Nacional de La Plata dijo que Kast “tiene coincidencias con Milei en cuestiones del gasto público y en las críticas muy fuertes al gobierno anterior de Boric, un presidente de origen comunista”.
“También posee otro punto de unión con Milei que es su bajísima aprobación pública”, dijo Rial en declaraciones a la agencia Nuevas Palabras. Una encuesta nacional de la Universidad de San Andrés realizada a principios de octubre registró un 60% de desaprobación para el presidente argentino, con una insatisfacción del 67%
Para Rial, sin embargo, Kast tiene algunos puntos de diferencia con el líder de La Libertad Avanza. Por ejemplo: “No hace un cambio de modelo brusco, porque la economía chilena es extremadamente liberal, a pesar de haber tenido gobiernos progresistas”.
“En Chile rige el modelo que impuso (el dictador Augusto) Pinochet en 1973, que no pudo ser modificado por la Concertación. Otra diferencia que tiene es que Milei nunca se atrevió a reivindicar los procesos dictatoriales en Argentina. Kast, en cambio, apoyó a Pinochet”.
Tras siete meses de gestión, muchos chilenos manifiestan su desaprobación luego de que se eliminaran 25 programas sociales del presupuesto 2027, destinados a la infancia, la juventud y los pueblos indígenas.
Por ejemplo, el Estado ya no ofrece ropa de bebé o cunas para los recién nacidos. El gobierno chileno justifica esta decisión señalando que cayó el índice de la natalidad a 0,99 hijos por mujer, por primera vez en la historia del país trasandino, según el Instituto Nacional de Estadísticas.
