BUENOS AIRES (ANP).- Hace años, una de las primeras cosas que aprendía un estudiante de periodismo era a chequear la información, algo que solamente podía lograr si tenía detrás un medio sólido, con una red de contactos y profesionales de la comunicación que lo garantizara.
Sin embargo, la explosión de las redes y, particularmente de la exTwitter, cambió el paradigma y ofreció a un universo de políticos y voceros oficiales la fantasía de que podían escapar del escrutinio periodístico y recurrir a una legión de tuiteros, streamers y youtubers a los que se les podía recitar un discurso sin soportar preguntas incómodas.
Desde que asumió el poder, el presidente Javier Milei abonó esa fantasía descalificando a los medios tradicionales, sosteniendo que no se odiaba lo suficiente a los periodistas y que la gente podía eludir a esos mentirosos seriales como Clarín y La Nación e informarse con estos simpáticos y descontracturados programas en línea que actúan como fuentes de la verdad. Esta semana se chocaron con la realidad.
El choque vino cuando la actriz y conductora Florencia Peña dijo en un programa de Luzu TV que había muerto el padre de Leo Messi. Nada menos que del ídolo del fútbol más amado por los argentinos y el mundo. Justo cuando debería estar enfocado en el mundial que se está disputando en estos días, tuvo que lidiar con esta noticia en momentos en que, según un comunicado de la familia, Jorge Messi atraviesa un tema de salud, como cualquier hijo de vecino. La fake news cayó, más justo, imposible.
La reacción de la actriz fue pedir perdón y renunciar. ¿Fue culpa de ella? No, no lo fue porque en primer lugar, no es periodista. Alguien por cucaracha le pasó la terrible información que en un medio tradicional —Canal 13, Telefé— hubiera sido confirmada previamente. Aquí no ocurrió eso. El cómo llegó el dato fake a la producción de Luzu TV todavía no se sabe, pero probablemente provino del universo de trolls y tuiteros que pululan en X. Ellos son la red de informantes confiables que el presidente ensalza ante la gente, los que ofrecen al público la utopía de deshacerse de los «monopolios» de la información.
¿Es Clarín un monopolio? Hace años, cuando la gente se informaba por medios chequeados, no lo era. Había otros seis o siete periódicos que se podían comprar o seguir, cuatro agencias nacionales (solo queda NA), varias radios AM, cinco canales con sus respectivos noticieros. Se podía elegir. Hoy Télam, que supo ser la agencia más confiable del mercado en los años 90, fue convertida en un antro militante por el kirchnerismo y luego desmantelada por el mileismo. Hoy se podría decir que sí hay una suerte de monopolio, gracias a que los funcionarios repiten el mismo relato ante los programas de streaming amigos del poder.
La actitud del presidente, sin embargo, fue desconocer su cuota de contribución a la lamentable difusión de la falsa noticia que impactó tristemente en la familia Messi. Milei hizo un descargo terrible contra los medios (¿?) y contra Flor Peña (como kirchnerista recalcitrante, era el blanco ideal). El libertario nunca asoció lo devaluada que está la información confiable con su diatriba de larga data contra los medios, su culto por la información que desparraman los trolls (a los que retuitea frenéticamente cada día), ni con sus entrevistas con pseudoperiodistas. Por supuesto, él no es el único culpable, pero ayudó y no hizo ningún mea culpa.
En suma, el triste episodio que afectó a los Messi es la prueba concluyente de que X, una valiosa herramienta como red social, no puede reemplazar a un ecosistema de medios consolidados. Quien crea que puede informarse siguiendo una punta de cuentas ignotas sujetas a ningún control quedará a merced de lo poco que el poder de turno le quiera contar o de los delirios de cualquiera que le quiera mentir.
