Buenos Aires (ANP) – El presidente del Comité Nacional de la UCR, Leonel Chiarella, es un dirigente de muy bajo perfil. No es conocido a nivel nacional. Es el intendente de Venado Tuerto, en Santa Fe. En su cargo estuvieron antes Hipolito Yrigoyen, Marcelo Torcuato de Alvear, Ricardo Balbín y Raul Alfonsín.

Que Chiarella haya terminado como la máxima autoridad nacional del radicalismo es un claro indicador de la crisis que soporta el centenario partido, que nunca logró sobreponerse de la catástrofe de la presidencia de Fernando De la Rua.

Luego de esa experiencia el radicalismo quedó reducido a una expresión política que solo puede decir si o no a lo que plantean los demás. No ha podido mostrar una candidatura presencial competitiva en 27 años. Es mucho para un partido que todavía gobierna cinco provincias argentinas.

La falta de candidaturas nacionales potentes generó una feudelización tras la experiencia del Juntos por el Cambio. Hasta ahí el sello político ofreció a los radicalismos provinciales un caballo donde subirse y fortalecer el poder territorial, del que aún hoy carece el PRO.

Con la irrupción de la derecha conservadora de Javier Milei los gobernadores radicales, sobre todo los mendocinos de Alfredo Cornejo, fortalecieron la estrategia de ir «a los botes» y salvarse cada uno como pueda.

Durante los dos primeros años de la administración libertaria le ha resultado casi inviable a Chiarella articular alguna mínima estrategia nacional. Todavía la UCR está obligada a hablar de lo que hablan los demás. No tiene capacidad de instalar un tema de agenda pública.

Hay un bloque de diputados de la UCR, pero también hay «correligionarios» fuera de él que llegaron a la banca en otras alianzas. Oficialmente, el centenario partido tiene solo 6 legisladores en el bloque que mantiene el escudo tradicional. 

Un atisbo de unidad

La semana pasada se registró algo que no ocurría hace mucho. Chiarella, en su calidad de autoridad máxima, militó entre los senadores radicales el rechazo al proyecto de ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. Con el respaldo de la Fundación Alem, la Organización de Trabajadores Radicales(OTR), la Juventud Radical y la Franja Morada, el intendente de Venado Tuerto logró que todos los radicales votaran del mismo modo. Más que nada, logró el silencio de los gobernadores proclives a respaldar al gobierno conservador en sus iniciativas. Y así se cayó el Capitulo 3 que habilitaba la venta irrestricta de tierras a extranjeros y el capitulo sobre manejo del fuego. 

En búsqueda de un perfil propio

Hay un grupo de radicales, cuya figura mas reconocida es Ricardo Gil Lavedra, que trabajan para recuperar una agenda propia. No se han constituido como una línea interna y le anticiparon su tarea a Chiarella. En el grupo están otros viejos referentes como Jesus Rodríguez y extra partidarios como Alfonso Prat Gay. Además están Facundo Suarez Lastra, Mario Barleta, Mario Salvador, Rafael Pascual, Mario Barletta, Mario Negri y Ernesto Sanz, entre otros. Se trata de un grupo de dirigentes que estuvo en la construcción de la alianza con el PRO. Este núcleo emitió un documento titulado “Apurar el paso para gestar una alternativa política en 2027”.

El texto dice que el radicalismo vive una «encrucijada dramática» ya que dada la situación nacional constituye el partido tiene la «misión irrenunciable» de gestar una alternativa política. 

El documento convoca a toda la UCR en la tarea. Menciona al Comité Nacional, la Convención Nacional y los bloques parlamentarios. Dice expresamente «cada cual en su esfera de competencia» pero aclara «bien coordinados entre si».

El documento adjudica al gobierno ser responsable de «maniobras iliberales» para alcanzar con facilidad la reelección de Javier Milei, en obvia alusión al deseo del oficialismo de suspender las PASO. El texto dice que con ello el gobierno busca evitar investiaciones por el caso $LIBRA, la causa ANDIS y el enriquecimiento inexplicable de Manuel Adorni.

Aunque califica de positivos la baja de la inflación y del riesgo país afirma que «son insuficientes para atender el enorme y generalizado costo social con reducción de ingresos familiares, cierre masivo de empresas e incremento de la desocupación».

Como para sensibilizar a los gobernadores señala que «una resultante inevitable de ese cuadro de situación es la baja constante de la recaudación fiscal». «En esos recursos descansa la estabilidad de los gobiernos provinciales y municipales responsables de la prestación de muchos de los servicios indelegables del Estado, sobre cuyas espaldas se intenta descargar el déficit financiero», dice la nota.  

Un escenario bipolar

El documento pretende atacar la idea de que el Argentina hay solo dos fuerzas políticas importantes: los libertarios y lo que denomina «neo kirchnerismo» en alusión a una potencial candidatura de Axel Kicillof por un peronismo en el que el nucleo duro K quede relegado a un segundo plano.

El texto insiste en denunciar una «maniobra» del gobierno para polarizar e impedir un surgimiento de una alternativa «liberal progresista democratico y social«. O dicho de otro modo, trata de impedir que se reconsstruya un Juntos por el Cambio sin componentes de derecha conservadora, quienes ahora forman parte del gobierno. Es decir, una coalición de liberales y social demócratas que atienda a una demanda de electorado que considera importante el orden económico, pero que también pretende que se incluya un componente de solidaridad social con los que están soporanto el peso del ajuste.

De hecho, el texto llama a convocar a los sectores afines a esa forma de pensamiento, generar una candidatura presidencial para 2027, que los órganos partidarios funcionen, generar una «plataforma que condense una estrategia nacional de desarrollo sostenible, con equidad social y federal para todas sus regiones» y poner en la calle a los militantes con todos los medios posible. 

Los «radicales auténticos»

Hay un grupo de radicales que se opone a esta estrategia, cuyo mayor poder territorial se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires. Se llama «Radicalismo Auténtico» que si bien pretende convocar a sectores afines al pensamiento social demócrata, cree que tiene que volver la tradicional Lista 3, es decir, poner al partido encabezando una candidatura presencial. En ese grupo están Federico Storani, Luis «Changui» Cáceres, Carlos Becerra, Juan Manuel Casella. Este grupo es el que históricamente rechazó la alianza con el PRO, que defiende con mayor fuerza la idea de una pureza socialista para el radicalismo. Consideran que el otro grupo son «dirigentes sueltos», carentes de respaldo en las estructuras partidarias. Es probable que si hubiera una reconfiguracion de un JxC no se sumen y pasen a una oposición interna. 

De otro lado asoma el PRO

El primer globo de ensayo por una potencial candidatura de Mauricio Macri parece haberse desinflado apenas comenzó a subir. Ahora el PRO está ensayando al ex ministro de Economía Hernán Lacunza. Hace un par de semanas que se pasea por los medios diciendo que podría ser candidato para 2027. Sería por ahora una candidatura para el círculo rojo. No es tan conocido popularmente. No obstante, en el estás épocas de redes sociales se puede llegar a construir una candidatura en cuestión de semanas e instalar a alguien. Milei es un caso. Curiosamente, Lacunza también critica la estrategia de los libertarios. «Dicen nosotros o Drácula, hasta que ves que Drácula te puede ganar y entonces estás en un problema», dice el ex ministro.

Es probable entonces que Lacunza sea una primera moneda que esté mostrando el PRO en una estrategia de negociación. Macri tiene que definir entonces con quién quiere sentarse. El primer embate de Milei por robarle su base electoral parece ahora estar frenado. Pero eso no implica que en una potencial reelección trate de darle el golpe final. Ese tipo de evaluaciones debe estar haciendo el PRO, que si tiene instinto de supervivencia, debería contrapesar el poder del «ala extrema» del bloque de derecha argentina en una nueva convergencia con los sectores mas moderados.