BUENOS AIRES (ANP).- La desaparición de la Verja de Gibraltar y el reclamo de miles de hinchas argentinos por las islas Malvinas durante la semifinal del Mundial de fútbol entre Inglaterra y Argentina actualizan el debate por el colonialismo en distintas partes del mundo.
Según la Organización de las Naciones Unidas, todavía quedan 17 territorios coloniales, incluido Puerto Rico (EEUU), Gibraltar, Bermudas y las Malvinas.

La Verja del famoso peñón, el último muro de Europa continental, según el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, donde se controlaban los pasaportes y se formaban largas filas de autos, fue desmontada este miércoles en una nueva era de las relaciones entre España y el Reino Unido.

El retiro de este símbolo del colonialismo fue establecido tras un acuerdo entre Londres y la Unión Europea. La medida, sin embargo, no modifica ni altera la soberanía del Reino Unido que existe sobre el famoso Peñón, cedido por España a la corona británica en 1713 mediante el Tratado de Utrecht.

Para evitar el ingreso masivo de españoles a este territorio de ultramar, el Reino Unido levantó a principios de 1900 una valla entre Gibraltar y la llamada Línea de la Concepción.

Desde entonces, España reclama soberanía sobre ese territorio, pero Londres dice que son los gibraltareños quienes deben decidir su futuro. Durante la dictadura del general Francisco Franco, Madrid cerró por completo la frontera. En 1967, por otra parte, se realizó un referéndum en el que los gibraltareños decidieron mantener sus vínculos con los británicos.

La Copa Mundial de fútbol revivió las viejas heridas que existen entre Londres y Buenos Aires por las islas Malvinas, ubicadas a 600 kilómetros de Argentina, en el Atlántico Sur.

“Es solo un partido de fútbol”, dijo el entrenador Lionel Scaloni, antes de que se disputara el encuentro en el que Argentina venció 2-1 a los ingleses. Scaloni tiene razón. Pero en la práctica este razonamiento choca con la realidad de que, para los argentinos, Londres ocupa ilegalmente las Malvinas desde 1833.

¿Fútbol o política? Nadie piensa que los polacos podrían agitar banderas con el nombre de Auschwitz durante un encuentro de fútbol con Alemania, para recordar las barbaridades cometidas en ese campo de concentración nazi, donde fueron exterminados millones de judíos y de otras razas durante el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

Sin embargo, en 1970, un partido por las eliminatorias del Mundial provocó una guerra de cien días entre El Salvador y Honduras.
La guerra de Malvinas es un caso distinto. Ocurrió entre el 2 de abril y 14 de junio de 1982, o sea cuarenta y cuatro años atrás, provocando la muerte de más de 649 argentinos y de 255 británicos. Desde entonces Londres se niega a negociar con Argentina, pese al reclamo de la ONU que exige negociaciones por la soberanía de las islas.

De hecho, la polémica está presente también en Argentina por la admiración que profesa el presidente Javier Milei por la ex primera ministra británica Margaret Thatcher, quien llevó a cabo reformas neoliberales que causaron pobreza y desigualdad social, aunque sus partidarios y algunos analistas señalan que mejoró la vida del Reino Unido.

En Argentina, la llamada “Dama de Hierro” es despreciada por la mayoría de la sociedad tras su decisión de hundir el 2 de mayo de 1982 el crucero Ara General Belgrano, matando a 323 argentinos, pese a que encontraba fuera de una zona de exclusión establecida alrededor de las Malvinas.

Después del partido en el que Argentina se consagró finalista de la Copa del Mundo, Milei señaló que el reclamo de los hinchas “es un sentimiento de todos los argentinos, y es perfectamente válido que quieran expresarlo”.

En una entrevista con radio El Observador 107.9, Milei respaldó también lo dicho anteriormente por Scaloni, pero luego opinó: “Las Malvinas son argentinas; y las vamos a recuperar en el plano diplomático”.

Pese a la prohibición de la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA), y del gobierno libertario que recomendó a los aficionados no llevar al estadio banderas ni símbolos alusivos, después que terminó el encuentro fue lanzada al campo de juego una sábana con la inscripción: “Las Malvinas son argentinas”.

Por eso la FIFA, que prohíbe los mensajes políticos, abrió una investigación oficial contra un grupo de jugadores argentinos que desplegaron esa bandera.

Desde luego, no es bueno contaminar al deporte con la política. Pero a veces, como en el caso de las islas Malvinas, es inevitable que los hechos trascendentales de un país se manifiesten en el fútbol. Nadie por cierto puede impedir que la gente se exprese por un reclamo que considera justo.

Por NP