BUENOS AIRES (ANP).- Finalmente llegó el día en que el gobierno cerró formalmente la dura página que dejó escrita Manuel Adorni para resetearse y convencer a la sociedad de que la transparencia sigue siendo uno de sus pilares, una virtud que quedó muy maltrecha gracias a las compulsivas compras millonarias del hasta hace poco Jefe de Gabinete y portavoz en la práctica de Javier Milei.
Este martes está prevista la primera conferencia de prensa del flamante vocero presidencial, Adrián Ravier, asi como la jura de Diego Santilli como reemplazante de Adorni. Ambas designaciones quedaron plasmadas hoy con la publicación de dos decretos en el Boletín Oficial.
Ravier intentará mostrarse cordial con los periodistas acreditados tras el destrato que les profesó Adorni. Santilli, por su parte, cuenta con el apoyo del PRO y con un diálogo aceitado con gobernadores y legisladores. Para muchos, él sí está a la altura del puesto que a su antecesor siempre le quedó grande.
Ya lo había dicho Mauricio Macri cuando se nombró a Adorni para el cargo. En categóricas palabras, el expresidente dijo que Adorni no estaba preparado para el cargo que le estaba confiando Milei.
Esta mañana, la senadora de Santa Fe Carolina Losada destacó en declaraciones a Radio Continental que Santilli «es dialoguista», idea con la que coincidió Alfredo González, director de la consultora Federico González y Asociados, quien ayer destacó en la misma radio que Santilli es el más capacitado para ocupar hoy la Jefatura de Gabinete.
«Santilli es una persona de diálogo, es simpático, cae bien. Adorni, profesionalmente, fue un buen vocero. Pero su soberbia no era buena para el Gobierno. Santilli es la antítesis de Adorni en términos formales. Las formas importan y comunican», señaló el consultor.
Sin embargo, esta última consideración da indicios del gran problema que tanto Santilli como Ravier enfrentarán: para Milei, las formas NO IMPORTAN». Eso es lo que piensa y es lo que ha dicho claramente en las redes sociales.
Milei estuvo un tiempo reprimiendo sus floridos insultos, cuando alguien le dijo oportunamente que era mejor bajar el tenor de sus agresiones. Pero la fábula de la rana y el escorpión nos enseña que el escorpión será siempre lo que es, y esa lógica explica por qué al presidente no le duró mucho el recato. Ocurre que él cree realmente que si tiene apoyo de la gente, tiene derecho a defenestrar a quien quiera y cuando quiera sin consecuencias.
Después de haber demostrado en innumerables ocasiones que no todas las reglas de la democracia son de su agrado, Milei tendrá ahora a dos verdaderos dialoguistas que intentarán representarlo. Más allá de los antecedentes de Santilli, su estilo es la negociación constructiva mientras que Ravier es conocido por mantener un trato cordial con la prensa.
¿Cómo harán ambos para funcionar en el ecosistema libertario, donde no hay grises sino solo aduladores y enemigos? Esa es la cuestión. Cómo negociará Santilli con gobernadores y legisladores, teniendo por encima a un mandatario que odia ceder y que prefiere quemar todas sus naves antes que conceder un mínimo de razón al otro.
Ravier no la tendrá mucho más fácil. Su trabajo será mediar entre los periodistas —los objetivos y los militantes— y un presidente que no se cansa de decir que no se los lo suficiente. No solo será un gran desafío para ellos: también lo será para el propio Milei, si es que algo aprendió de su fracaso en el caso Adorni.
