BUENOS AIRES (ANP) – En medio de la implosión del PRO, la pérdida de identidad de la UCR, y las internas del PJ Bonaerense, un grupo de gobernadores lanzó la semana pasada un frente político y electoral, con vistas al 2027.

El grupo, que todavía no tiene líder, pero si una idea de lo que quedará “después del mileismo” está integrado por Maximiliano Pullaro (UCR- Santa Fe), Martín Llaryora (PJ-Córdoba), Ignacio Torres (PRO-Chubut) y Carlos Sadir (UCR-Jujuy), Claudio Vidal (PJ- Santa Cruz).

Está claro que son críticos de los tres gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, y que tienen muchos reparos de las formas poco republicanas de Javier Milei, y de su política de apertura irrestricta de la Economía.

Tienen la bandera el equilibrio fiscal, un logro alcanzado a “sangre y fuego” por el libertario, al que consideran un “esfuerzo de todos los argentinos”, pero critican la falta de un mínimo de justicia social, inclusión, o consenso.

En eso se podrían emparentar con Sergio Massa, pero todos ellos tienen una ventaja: Son de la “nueva política”, y no quedaron lacerados por las elecciones del 2023, como le ocurrió al hombre de Tigre.

Eso es desde “la oferta electoral”. En el plano económico sostienen la necesidad de inversión del Estado para potenciar tres sectores claves de la economía argentina: el sector agro-exportador, gas, petróleo y litio, a los que buscan poner por encima del predominio de las finanzas y los servicios “precarios”, tanto públicos como privado, que induce la política de LLA.

La pregunta es ¿habrá lugar para una política no extremista, como ofrecen hoy LLA-PRO, y el kirchnerismo, este último acorralado en la provincia de Buenos Aires?

Hay un dato que los alienta. En las últimas elecciones en Santa Fé, y la Ciudad de Buenos Aires la participación electoral fue bajísima. Más del 40% no fue a votar, algo similar aparece en las encuestas sobre el territorio bonaerense, y es allí donde pueden “pescar”.

¿Por qué la gente no fue a votar? Tal vez habrá que señalar que Milei fue la respuesta “anti sistema” a las propuestas del kirchnerismo, y a la decepción que generó el gobierno de Mauricio Macri.

Y ahora están decepcionados de quien vino a “ajustar la casta” y lo que ha logrado es bajar la inflación a un costo de mayor desocupación y/o precarización del empleo, y una parálisis de los sectores que no están vinculados con la exportación.

Claro que “no hay 2027 sin 2025”, es lo que repiten dentro del flamante espacio. Por eso ven con buenos ojos la formación de Somos Buenos Aires, en la provincia, la posibilidad de que Miguel ángel Pichetto se presente para candidato a Senador por la Capital Federal (entraría por la minoría) y a la posible “suma” de otros referentes, como Juan Schiaretti en Córdoba, el ¿radical? Gustavo Valdés, de Corrientes,  sus “correligionarios” Martín Lousteau, Facundo Manes, y hasta el sobreviviente del PRO porteño, Horacio Rodríguez Larreta, quien ingresó a la legislatura a fuerza de caminar la calle y la decepción por lo que hizo el PRO en porteño.

Tienen una ventaja en la oferta electoral: algunos encuestadores y es la caída del apoyo a Milei en votantes de lo que alguna vez fue Juntos por el Cambio y ese desencanto no aparece capitalizado por nadie.

Desde el kirchnerismo, la falta unidad es palpable. La semana pasada Maximo Kirchner llegó a decir que él se presentaría de candidato si Cristina (su madre) se lo pide. Axel Kicillof pelea denodadamente en una provincia en la que su partido no le ha votado el presupuesto, mientras Massa permanece en silencio evaluando cuál será su jugada.

Todos ellos, los opositores, saben que después del 2025 Milei gobernará a base de “Decretos de Necesidad y Urgencia” que no podrán ser eliminados en el Congreso, porque tendrá los votos propios, y prestados, para evitarlo.

Pero eso también será su debilidad. Solo habrá capitales locales que quieran invertir en esa fragilidad institucionalidad, cuyo modelo económico llevará a Argentina a parecerse a Ecuador, Pero o Paraguay: sin inflación, pero con una desigualdad social creciente.

Serán dos años, del 2025 al 2027, para plantear el desafío del “post mileismo” y definir un liderazgo moderado, pero firme, sin estridencias, con un mensaje esperanzador, y con una agenda de crecimiento.

 

 

Por NP